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Objetos desenterrados en Auschwitz. VI

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Restos de cerámica de algo que parece un recipiente y un candelero con una rosa. Una nena feliz sosteniendo un gatito junto a un enorme saxofón tras el cual se asoma la carita curiosa de un chiquito que está sin cuerpo, se rompió esa parte, solo se ven sus ojitos atentos y abiertos. Otro pedazo con palabras en húngaro, ¿es húngaro? no lo sé, pero me suena que sí. Son los últimos que llegaron. La guerra en el frente ya estaba perdida aunque los nazis seguían, imperturbables, deportando y asesinando. Entiendo el recipiente pero ¿a quién se le ocurre llevar un candelero a Auschwitz? de entre todas las cosas que se podrían llevar... ¿un candelero? Ese candelero perdido, enterrado, ahora desenterrado, nunca fue usado. ¿Cómo hacerlo en aquella noche perpetua, sin luz ni escapatoria posible? La foto nos muestra su boca abierta y huérfana a la espera de la vela prometida, aún ausente, para ver dónde está el peligro y seguir el camino de los buenos pasos.

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Objetos desenterrados en Auschwitz. V

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Cuentas, bolitas, abalorios ... ¿era un collar? ¿Cómo se llamaba la que lo había traído consigo? ¿Alegraba las tristes rayas grises con esos colores venidos de otro mundo? ¿Cómo mantenía vivo su anhelo de amor y belleza en ese desierto de esperanza? ¿De qué color era el pelo que le había sido rapado? ¿Se pinchaba un dedo para cubrir sus mejillas con el rubor de su propia sangre? ¿Se ajustaba a la cintura con un trapo sucio la tela informe que la cubría y soñaba que estaba esperando a su enamorado para bailar prendida de su brazo sintiendo sus caricias arrebatadas y todos los besos que le debía la vida?

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Objetos desenterrados en Auschwitz. IV

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Una taza de cerámica milagrosamente entera, con alambres que aseguraban que no se separaría de la mano o del lazo que hacía de cinturón. Taza fuente de vida donde cabía, si es que la había pescado a tiempo, el agua chirle sucia diaria que llamaban sopa. Taza vuelta  gema y salvaguarda que también podía servir a otros fines que mejor no evocar. Había que protegerla, esconderla, mimarla, hacerla parte del propio cuerpo porque era el pasaporte para seguir viviendo. ¿Cómo la habrá conseguido? ¿Qué habrá ofrecido a cambio? ¿un diente de oro? ¿el reloj que había sido de su padre? ¿la cadenita de oro de su hermana mayor? ¿dos cigarrillos? Los objetos a veces siguen vivos cuando las personas ya no.


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Objetos desenterrados en Auschwitz. III

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Un dedal. ¿Para qué guardar un dedal en medio de tamaña desolación? veo en cada uno de sus agujeros la huella de aquella aguja que cosía dobladillos, que ajustaba mangas, que bordaba fundas y manteles, que unía retazos inconexos, que daba forma a aquello que la había perdido, que puntada tras puntada seguía el ritmo parejo del devenir previsible y conocido. ¿Qué hacía ese dedal enterrado en Auschwitz? ¿habrá sido una especie de amuleto, de salvaguarda, de plegaria silenciosa?

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Objetos desenterrados en Auschwitz me hablan. I

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Un peón de ajedrez. De madera. Perdido su color pero aún de pie, sin claudicar ni lamentarse. Un peón. La pieza menos valiosa del tablero, el protagonista menos esencial del juego de la vida y la muerte. Pero, igual que en la vida, a medida que avanza puede coronarse y llegar a ser caballo, alfil, reina y así, tener un valor renovado. El peón puede terminar haciendo jaque al rey si lo dejan, si se mete sin que lo paren, si sobrevive. ¿Habrá sobrevivido el dueño de esta pieza? ¿Junto con el peón habrá llevado las otras piezas? Imagino que su dueño era un adolescente que soñaba con ser campeón de ajedrez y que a falta de tablero dibujaba los 64 escaques en la tierra para incursionar en nuevas tácticas. Peón el mismo de un juego atroz que lo superaba, ensayaba una y otra estrategia para ver si lograba llegar a coronarse y vivir.

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Testimonio Rudolf Hoess

El psiquiatra norteamericano León Goldensohn entrevistó en los primeros meses de 1946 a los nazis detenidos en espera de ser juzgados. Escribió un libro con fragmentos de sus diálogos con los criminales. De entre todos, el que más impresionante y revelador (por su lenguaje técnico desprovisto de emoción al hablar de exterminio, cadáveres y procedimientos) es el de Rudolf Höss, tomado en abril de 1946, parte del cual se transcribe a continuación.

La Gobernación General originalmente pensó en Auschwitz como campo de cuarentena para los polacos. En principio, los polacos irían a campos de concentración dentro del Reich y Auschwitz sería un lugar de cuarentena transitorio donde los prisioneros estarían unas semanas para ver si tenían enfermedades contagiosas como tifus o fiebres maculares.

El sitio exacto en el que estaba el campo era cerca de la ciudad de Auschwitz. Anteriormente había sido un complejo de cuarteles de artillería del ejército polaco. Me dieron la orden de que los internos tenían que cultivar los campos y cuidar las granjas colindantes. Era un trabajo duro porque el territorio que lo rodeaba se inundaba con frecuencia y era una tierra muy pobre.

Hasta 1918 Auschwitz fue parte de Austria y Silesia. Entonces pasó a ser polaca. Estaba en la frontera de Galitzia, a sesenta km de Cracovia, se consideraba integrante de la nueva provincia de Alta Silesia.

Yo llegué a Auschwitz en mayo de 1940 y llevé conmigo un grupo de 30 internos del campo de concentración de Sachsenhausen en el que yo había sido primer ayudante y luego comandante. Cuando llegué, en Auschwitz solo había un par de cuarteles vacíos.

Entonces empezaron a llegar internos polacos al campo de concentración que venían de los territorios de la Gobernación General y de otros territorios polacos. En aquella época, Auschwitz se convirtió en un campo para gente que había participado en el movimiento de resistencia polaco. El primer año se ejecutó a muy poca gente, solo a los que habían sido condenados a muerte por la Gestapo y por las unidades de la SS.

El campo estaba destrozado y yo supervisé la reconstrucción de las casas y los cuarteles y lo preparé para alojar a 20.000 internos pero en los primeros meses solo recibimos unos pocos.

En la primavera de 1941 Himmler vino en visita de inspección. Me ordenó ampliar el campo lo máximo posible y ordenó al administrador general del Partido, Fritz Bracht, que estaba presente y era el responsable de la zona, que pusiera a mi disposición todo el territorio que tenía unas 5.000 hectáreas. Ordenó que se construyeran grandes talleres en el propio campo, por ejemplo, talleres de carpintería y maquinarias.

Se me ordenó entonces que desecara las zonas pantanosas, que construyera explotaciones agrícolas modelo y que desarrollase la agricultura al máximo. Se me ordenó levantar un campo de prisioneros de guerra que pudiese alojar a 100.000 personas en Birkenau, un lugar a 3 km del campo original. La población de la zona que comprendía unos 7 pueblos, fue evacuada y enviada a la ciudad de Auschwitz. Todos los que pudieron ser empleados en fábricas o en el ferrocarril se quedaron en Auschwitz pero el resto, que eran sobre todo agricultores, se fueron a trabajar a la Gobernación General en otros lugares.

Los 100.000 prisioneros de guerra del campo de Birkenau nunca llegaron y posteriormente se descartó el proyecto.

En el verano de 1941 me llamaron a Berlín para que una reunión con Himmler. Me dio la orden de construir campos de exterminio. Le puedo casi decir las palabras de Himmler literalmente: “El Führer ha decretado la Solución Final para el problema judío. Nosotros, las SS, tenemos que ejecutar los planes. Es un trabajo duro, pero si no se lleva a cabo inmediatamente, en lugar de que nosotros exterminemos a los judíos, los judíos exterminarán a los alemanes en una fecha posterior”.

Esa fue la explicación de Himmler. A continuación me explicó por qué había seleccionado Auschwitz. Ya existían campos de exterminio en el este, pero no podían realizar una acción de exterminio a gran escala. Himmler no me podía dar un número exacto, pero me dijo que en su momento Eichmann se pondría en contacto conmigo y me diría algo más al respecto. Me mantendría informado sobre cómo se efectuaría el transporte y cuestiones similares.

Himmler me ordenó que enviase planes precisos de las ideas que se me ocurrieran para llevar a cabo el programa de exterminio en Auschwitz. Se suponía que yo inspeccionaría un campo en el este, llamado Treblinka para aprender de los errores que se cometían allí.

Unas semanas después, Eichmann me visitó en Auschwitz y me dijo que los primeros trenes de la Gobernación General y de Eslovaquia estaban al llegar. Añadió que esa acción no podía ser retrasada por ninguna circunstancia para que no surgiesen dificultades técnicas de ningún tipo porque había que mantener a toda costa los planes de transporte.

Mientras tanto yo había inspeccionado el campo de exterminio de Treblinka, situado cerca del río Bug, en el territorio de la Gobernación General. Treblinka consistía en unos pocos cuarteles y en una vía muerta de tren, que previamente había formado parte de una cantera. Yo inspeccioné las cámaras de exterminio que había allí. Esas cámaras eran de madera y cemento; cada una del tamaño de esta celda (unos 2,5 x 3,5 metros) pero el techo era más bajo que el de esta celda. A los lados de las cámaras de exterminio se situaban los motores encendidos de viejos tanques o de camiones y los gases que salían de los motores se dirigían a las celdas a través de los tubos de escape y así era cómo exterminaban a la gente.

-¿a cuánta gente a la vez?

No se lo podría decir exactamente pero calculé que en cada cámara se podían meter a unas 200 personas de una vez, se les empujaba adentro y quedaban los unos pegados a los otros.

-¿hombres, mujeres y niños?

Sí, pero se les llevaba por separado, es decir, los hombres eran exterminados en las mismas cámaras pero a intervalos distintos.

-Usted tiene esta celda para usted solo, 200 personas aquí estarían literalmente como sardinas en lata.

Sí, había que empujar la puerta para cerrarla bien y dentro se quedaban pegados, de pie.

-¿cuántas cámaras había en Treblinka?

Había 10, cada una construida con cubierta con planchas de metal. Las autoridades de Treblinka dejaban durante una hora a las personas adentro con los motores en marcha y a continuación abrían las puertas. Para entonces todos estaban muertos. En realidad no sé cuánto tardaba el gas en matarlos.

-¿Cómo sacaban los cuerpos?

Los sacaban los otros internos. Al principio los metían en fosas comunes en las canteras, más tarde, cuando yo fui, acababan de empezar a quemar los cadáveres en las canteras, a cielo abierto o en zanjas y también habían empezado a abrir las fosas comunes y a quemar los cuerpos que habían sido enterrados.

-¿Cuánto estuvo en Treblinka?

Solo unas pocas horas, después volví a Auschwitz.

Entonces fue cuando empezaron a llegar los primeros trenes a Auschwitz. Había convertido en cámaras de gas dos granjas viejas que quedaban algo apartadas del campo. Quité los muros que separaban las habitaciones y los que daban al exterior y los recubrí de hormigón para que no hubiera escapes. El primer transporte de la Gobernación General llegó allí. Se les mató con el gas Zyklon-B.

-¿Cuánta gente era exterminada a la vez en cada una de las granjas?

Höss miró al suelo, pensando durante un momento. Levantó su mirada y después e unos 30 segundos de silencio dijo:

En cada granja se podía gasear a la vez entre 1.800 y 2.000 personas. Las 2 granjas estaban separadas por una distancia de 600 metros. Estaban completamente cerradas al exterior por árboles y tapias.

-¿Con qué frecuencia se utilizaban?

Ocurría así: los trenes no llegaban al principio a diario, aunque a veces llegaban dos o tres trenes al día. Cada tren traía a unas 2.000 personas pero había periodos de entre 3 y 6 semanas en los que no llegaban transportes.

-¿Cuánto tiempo permanecían las personas en Auschwitz?

Nada, Una vía muerta llegaba hasta Birkenau y allí se vaciaban los trenes y se hacía la selección. Se separaba a los que podían trabajar de los que no podían.

-¿Qué criterio de selección se utilizaba?

Bueno, teníamos dos médicos de la SS. Las personas simplemente pasaban por delante y los médicos juzgaban en función de su aspecto, edad y fortaleza física.

-De un tren de aproximadamente 2.000 personas, ¿cuántas se salvaban para trabajar?

En todos esos años yo creo que alrededor de 20 ó 30% valían para trabajar.

-Y entonces, ¿qué pasaba?

Los que no valían se iban hacia las granjas que estaban a cerca de 1 km. Una vez allí se les hacía desnudarse. Al principio era al aire libre, habíamos colocado unas vallas de paja y de ramas para evitar que los vieran los mirones. Pero después construimos cobertizos. Pusimos carteles grandes que decían “A la desinfección” o “Baños”. Era para que la gente creyera que solo iban a darse un baño o a ser desinfectados y así no tener dificultades técnicas en el proceso de exterminio.

Los internos que usábamos como intérpretes y como ayudantes en general les decían que tenían que tener cuidado con su ropa, que la dejasen en el suelo bien doblada par poder encontrarla cuando salieran del baño o de la desinfección. Esos internos ayudaban a que la gente se calmase contestando a sus preguntas de  una manera tranquilizadora y diciéndoles que en esas casas solo se iban a bañar.

Entonces se llevaba a la gente a las cámaras y los internos que les acompañaban entraban con ellos a las cámaras de exterminio para que estuviesen tranquilos al ver que los ayudantes entraban con ellos. Se hacía de tal modo que todas las cámaras se llenaban de gente a la vez. En el último momento cuando las cámaras estaban llenas, los internos que trabajaban para nosotros se escabullían, se cerraban las puertas herméticamente y se lanzaba el gas Zyklon-B a través de unas pequeñas aberturas.

-¿Se producían escenas de pánico entre la gente?

-Sí, a veces, pero en general, todo iba sobre ruedas, cada vez mejor conforme iba pasando el tiempo. Se exterminaba a los hombres en cámaras separadas y a las mujeres y niños juntos en la misma.

-¿cómo distinguían las edades de los niños?

-no le puedo decir, juzgábamos por el aspecto, algunos parecen adultos a los 15 años y otros a los 17. Sobre todo juzgábamos por la estatura.

-¿dice usted que los que no valían para trabajar eran ejecutados?

No exactamente, pero se puede considerar que la mayoría de los ejecutados no eran válidos para trabajar.

-¿por qué?

Los médicos que inspeccionaban a la gente vestida cuando salían de los trenes, también estaban presentes cuando se desnudaban antes del exterminio y a menudo comprobaban que la rápida selección que habían hecho antes había sido correcta porque, con pocas excepciones, las personas que habían seleccionado para el exterminio no podrían trabajar demasiado.

-no lo entiendo. ¿Dice usted que los médicos que hacían la selección estaban sentados en la vía muerta y que la gente pasaba delante de ellos completamente vestida?

Sí, pero lo que quiero decir es que los médicos también estaban presentes después, en el momento en que se desnudaban, justo al lado de las cámaras de gas, al aire libre y veían que su selección generalmente había sido muy precisa.

-¿cuánto tiempo tardaba el Zyklon-B en hacer efecto?

Después de todas las observaciones hechas a lo largo de estos años, creo que dependía del tiempo, del viento, de la temperatura, la efectividad del gas no era siempre la misma. Normalmente tardaba de 3 a 15 minutos en aniquilar a toda la gente, es decir, en que no quedasen signos de vida. En las granjas no teníamos mirillas y, a veces, al abrir las puertas después de pasar un considerable periodo de tiempo, todavía había signos de vida. Más tarde, en los crematorios y en las cámaras de gas de nueva construcción, diseñados por mí, teníamos mirillas y podíamos tener la certeza de que todas esas personas estaban muertas.

A la media hora, se abrían las puertas de las granjas. Había dos puertas, una en cada punta y se aireaba la habitación. Los trabajadores llevaban caretas antigás y arrastraban los cadáveres afuera de las habitaciones y, al principio. Los colocaban en fosas comunes.

Pensé que los crematorios podrían construirse muy rápidamente y lo que quería era quemar los cuerpos en fosas comunes en el crematorio, pero cuando vi que el crematorio no se podía construir tan pronto porque el número de los que llegaban para ser exterminados aumentaba sin cesar, empezamos a quemar los cuerpos en fosas comunes al aire libre como en Treblinka. Alternábamos capas de madera con capas de cadáveres. Para prender la pira usábamos un fardo de paja empapado en gasolina. Generalmente empezábamos a quemar la pira cuando tenía 5 capas de madera y 5 de cadáveres. Cuando el fuego estaba en su apogeo, se podían lanzar sin más a la pira los cadáveres frescos que llegaban de las cámaras de gas y se quemaban por sí solos.

En 1942 se terminaron unos crematorios más apropiados y el proceso en conjunto se pudo empezar a hacer en las nuevas edificaciones. Se construyeron nuevas vías de tren que llegaban hasta los crematorios. Se seleccionaba a la gente como antes, con la excepción de que los que no valían para trabajar iban al crematorio en lugar de marchar a las granjas. Era un edificio grande y moderno; había habitaciones para que se desnudasen y las cámaras de gas estaban en el sótano y el crematorio estaba más arriba, pero todo en el mismo edificio. Había 4 cámaras de gas en los sótanos; 2 muy grandes en las que cabían 2.000 personas y 2 más pequeñas que podían acoger a 1.600 personas. Las cámaras de gas se construyeron como una instalación de duchas, con las propias duchas, las tuberías de agua, algunos detalles de fontanería y un moderno sistema de ventilación eléctrica, de modo que después del gaseado la habitación podía ser ventilada mediante los aparatos de ventilación. Los cadáveres eran transportados al crematorio, que estaba encima, mediante montacargas. Había 5 hornos dobles.

En 24 horas se podía incinerar a 2.000 personas en los 5 hornos. Normalmente, conseguíamos incinerar solo a 1.800 cuerpos, o sea que siempre íbamos con retraso en la cremación porque como puede ver era mucho más fácil exterminar mediante gas que incinerar, que llevaba mucho más tiempo y más trabajo.

En la época culminante del proceso llegaban diariamente 2 ó 3 trenes, cada uno de ellos con alrededor de 2.000 personas. Esos fueron los tiempos más duros porque había que exterminarlos inmediatamente y las instalaciones para la incineración, incluso con los nuevos crematorios, no podían mantener el ritmo del exterminio.

-¿a cuántos mataron de ese modo?

No le puedo dar un número exacto. Las evidencias fueron destruidas. No había registros ni nombres de los que eran exterminados directamente e incluso se hacía un cálculo aproximado de los número. Sobre los últimos meses Eichmann tuvo que enviar un informe a Himmler y antes de ir a verlo me dijo que solo en Auschwitz se había gaseado a 2.500.000 de personas. Pero es totalmente imposible saber la cifra exacta.

-los que iban a trabajar eran exterminados más tarde?

No, solo los que morían de muerte natural, de enfermedades por ejemplo. Había epidemias de tifus constantemente debido a las masas de gente que había en el campo y a la falta de instalaciones de saneamiento que no se podían construir tan rápido como llegaba la gente. Calculo que alrededor de medio millón de personas murieron por epidemias.

-¿cuánta gente pasó por Auschwitz?

Es imposible saberlo. No tengo ni idea. Sé que en los años 1943 y 1944 tuvimos 144.000 internos trabajando en el campo. La mayoría de los que llegaban y no podían trabajar se los llevaban fuera de Auschwitz y no sé lo que era de ellos.

-he oído decir que se sacaban los dientes de oro de las personas exterminadas.

Sí, desde principios de 1942 se recibieron órdenes de instancias superiores de extraer todos los dientes de oro una vez que se sacaban los cuerpos de las cámaras de gas para enviarlos al departamento de Finanzas. Creo que desde allí se enviaban al tesorero.

-¿quién extraía los dientes de los muertos?

Los internos, en su mayoría dentistas que trabajaban allí. Normalmente siempre salvábamos de las cámaras de gas a los médicos, dentistas y enfermeras para utilizarlos en puestos técnicos.

-¿ cuántos alemanes trabajaban en Auschwitz?

En 1943, alrededor de diciembre cuando me fui, había 3.500 guardianes y alrededor 500 hombres como personal administrativo, incluidos los que supervisaban la sección de agricultura, laboratorios, cámaras de gas, crematorios, etc.

-¿cómo podían desconocer los alemanes lo que pasaba si solo en Auschwitz trabajaban 4.000 personas?

No le puedo contestar a eso porque no cabe duda de que entre muchos sectores de gente se sabía de sobra, pero se tomaron muchas precauciones. Por ejemplo, no salía en los periódicos; siempre usábamos al mismo personal para realizar el transporte; y casi todos los que trabajaban en Auschwitz tenían que hacer una declaración jurada de que no hablarían.

-en su opinión ¿usted es un sádico?

No, nunca le pegué a un interno en todo el tiempo que comandante. Cada vez que supe que un guardián era culpable de tratar con dureza a alguno de los internos intenté cambiarlo por otro.

-¿quién inventó las cámaras de gas?

Surgieron como consecuencia de la propia situación. Los tribunales traían a mucha gente que había que fusilar. Siempre estuve en contra de usar a los mismos hombres como pelotón de fusilamiento una y otra vez. En aquel período, mi jefe de campo, Karl Fritzsch, vino un día y me preguntó que por qué no intentaba ejecutar a la gente con el gas Zyklon-B. Hasta entonces se usaba solamente para desinfectar los barracones que estaban llenos de insectos, de pulgas, etc. Lo intenté con gente que estaba condenada a muerte en sus propias celdas y así es como surgió. Yo no quería más fusilamientos y en su lugar utilizamos las cámaras de gas.

-¿cuántos campos de concentración en Alemania o fuera de ella tenían cámaras de gas?

Mauthausen, Dachau, Auschwitz y en el este Treblinka. En Rusia usaban vagones de gas.

-¿y en Majdanek?

Tenían cámaras de gas temporales, pero ese campo estaba bajo el mandado de la Policía de Seguridad, de los Einsatzkommando y de la Policía de Seguridad. En Lublin había un campo de concentración que estaba bajo nuestra supervisión pero no era un campo de exterminio. Majdanek estaba cerca de la ciudad de Lublin y allí había un campo de exterminio bajo las órdenes del teniente general Globocnik que era el jefe político y de la SS de Lublin.

 

Rudolf Höss (o Hoess) fue sentenciado a muerte por el tribunal y colgado un año después de estas entrevistas, el 7 de abril de 1947.

Tomado de "Las entrevistas de Nurenberg" de León Goldensohn. Taurus Historia 2008.

 

 

Bailar en Auschwitz, ¿burla o celebración?

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La Shoá esa enormidad que interpela a la Humanidad toda es para los judíos un absoluto, un baluarte sagrado que suele ser tratado con respeto y unción. Investido con el ropaje de lo sagrado sus reglas de conmemoración y actos de representación son ceremoniales, a menudo con grandes palabras,  prolijidad y pudor (y –sin temor a la incorrección política- con algo de hastío, un “otra vez lo mismo” que algunos piensan pero que no reconocerán ni dirán jamás). Hay poco lugar para nuevas ritualizaciones, nuevos códigos que atenten tal vez con quitarle el halo sagrado de seriedad, que amenacen con arrugar lo que siempre aparece bien planchado. Se corre el riesgo de herir, ofender y/o irritar. En general nos cuidamos muy bien de todo ello y más ante cosas como la Shoá (pongámonos de pie) y peor aún si mentamos a los sobrevivientes.

A la artista plástica australiana Jane Korman, parece no importarle nada de esto. En este video clip casero y desprolijo, con la fuerza del conocido  “I will survive” (que en castellano se tradujo “Resistiré”) muestra a su familia –su papá, sobreviviente de la Shoá, y sus hijos- siguiendo torpemente los pasos de una coreografía titubeante en los mismos escenarios de la Shoá. “Sobreviviré. Bailando en Auschwitz”,  se llama este trabajo de 4´ que subió sin empacho ni timidez a Youtube, desde donde se difundió explosivamente y tuvo su momento de gloria con múltiples comentarios disímiles, hasta notas en diarios de todo el mundo.

La propuesta es bizarra, tan diferente que uno no sabe cómo tomarla. Es por cierto muy extraño ver a este grupo de personas  de edades diversas en los escenarios del genocidio bailando al son de un tema popular en las fiestas.  Pero el haber sobrevivido la Shoá, además de un milagro, es también una fiesta. Tal vez sea ése uno de los ejes de esta “travesura” de Korman y una “respuesta personal y emocional ante recientes brotes antisemitas en Australia” según declarara en un reportaje. Su madre, que no participó del viaje familiar y por ello no aparece en el video, la apoyó diciendo “venimos de las cenizas, ahora bailamos”.

Contrariando lo que suele hacerse en los actos de memoria, este video se anima -con resultado artístico conversable por cierto- a otra cosa. Es un video casero, familiar, sin la intención de ser lo famoso que fue (si su intención hubiera sido ésa, habría habido más cuidado en su realización). No es un hecho artístico ni una proposición ética ni un intento de representación de la Shoá. Nada de eso. Sin embargo, su difusión insólita generó reacciones polares, apasionadas y controvertidas y lo ha puesto en el escenario de la discusión de la representabilidad, de la pertinencia de elegir caminos personales y de su legitimización. En la lista de distribución de Generaciones de la Shoá, todosgeneraciones@gruposyahoo.com.ar, con cientos de miembros, la polémica tuvo tres tipos de reacciones:

·      Muchos lo vieron como una ofensa a la memoria de las víctimas y una desacralización de los sitios de la Shoá señalando con vergüenza ajena los movimientos patéticos del sobreviviente intentando seguir los pasos de los más jóvenes, visto como una burla a su falta de habilidad y a las víctima que perecieron.

·      En el otro extremo, otros recibieron con alborozo lo que leyeron como un canto a la vida de las tres generaciones que mantienen, como todos, una vida imperfecta pero con un ímpetu que la hace imparable a pesar de lo vivido.

·      En el medio algunos reconocieron el valor de este video familiar siempre que quede guardado en la esfera de lo privado, pero lo desestimaron como mensaje público, tanto desde lo estético como desde lo filosófico.

Personalmente me pareció una curiosidad, algo diferente, un intento de desacralizar el tabú, de ir donde siempre se llora y bailar con toda la chutzpá en un acto de supremo triunfo. Leí una proposición que tal vez no planearon al momento de su realización: les venimos a decir aquí, en el sitio en donde sucedió, que el plan nazi falló, que no consiguieron exterminar al pueblo judío, que seguimos aquí, vivitos y coleando. Hecho y entregado en borrador y sin ninguna pretensión estética. Aunque, viniendo de una artista plástica, no estemos tan seguros de su ingenuidad, lo estético debe haber estado involucrado de alguna manera y tal vez, lo que vemos como “poco estético” sea precisamente la estética que pretendió darle. Esos movimientos descoordinados, torpes, entrecortados y poco ensayados, esa alegría maníaca en la música que no es tal en la acción, nos dice algo así como “tenemos que estar y mostrarnos contentos de volver vivos a este lugar, de que nuestra familia fructificó, aprenderemos despacio a movernos en este nuevo espacio, a juntar lo que quedó partido, desprolijamente, como podamos, como nos salga” que es más o menos lo que ha hecho toda familia de sobrevivientes. Algunos sobrevivientes (David Galante, Moisés Borowicz entre otros) dijeron que era para ellos una celebración de la vida, que no lo veían como algo inconveniente, identificados tal vez con el Sr Korman que pisaba los escenarios de la Shoá, allí donde antes había sido obligado a animalizarse, como un acto voluntario de hoy, una afirmación del triunfo de la vida.

Cada sobreviviente, cada familia de sobrevivientes, vive y convive con esa memoria como sabe y como puede, junta los fragmentos y arma con ellos la construcción que le es posible. ¿Cómo valorar un acto personal, íntimo, cómo calificarlo, desde qué lugar, y, lo que es más serio, con qué propósito? Es como cuando se critica a algún deudo que no se conduce según las reglas supuestamente estipuladas de un "duelo normal", como si hubiera formas únicas establecidas de cómo y cuándo duelar. El ojo del observador completa lo observado, lo valora, comprende y resignifica. No hay límites en el mundo de las lecturas y las opiniones: no hay verdades sino opiniones. El escenario de “la verdad” tiene sus riesgos: primero se la esgrime y después se vuelve un arma. La conversación es posible solo en contextos desarmados. Como soy una persona sociable, prefiero conversar.