Reunión del 29 de agosto de 2005: Cruces y paralelas.
Judíos y polacos.
Con la visita de Izabela Matusz, entablamos
un diálogo que bien llamamos "Cruce de paralelas" y que también podría haber
sido "Cruces y paralelas". Izabela (Agregada de Asuntos Políticos, Culturales
y de Prensa de la Embajada de la República de Polonia) una joven de poco más
de treinta años, respondió con altura, sensibilidad e inteligencia a nuestras
preguntas y comentarios. Éramos más de cuarenta, sobrevivientes, hijos de
sobrevivientes, casi todos oriundos de Polonia, de la Polonia que no nos venía
como sus conciudadanos. Nosotros mismos decíamos "polacos" cuando pensábamos
"no judíos".
Se produjeron encuentros insospechados: dos
de nuestras compañeras habían estado en Varsovia unos meses atrás en un
casamiento de un joven judío con una muchacha polaca. Esta muchacha resultó
ser amiga de Izabela y ella no pudo asistir a la boda por una cuestión de
trabajo.
En un clima cordial que por momentos tuvo
algún atisbo de rispidez que supimos disolver con premura, comenzamos a
escucharnos. Nuestras heridas están abiertas, nuestras preguntas aún sangran y
desde la posición oficial polaca las respuestas siguen siendo
insatisfactorias. Lo satisfactorio fue la voluntad del diálogo, la valentía de
enfrentarlo cuando se sabía que el pasado y sus dolores se haría presente. La
vivencia de traición sentida por muchos no tendrá nunca una respuesta
satisfactoria. Decía Izabela que durante la Guerra no hubo gobierno polaco en
Polonia y tiene razón. Se distinguió entonces entre Gobierno y gente. Y
también es claro que no toda la gente se comportó de la misma manera. Le
dijimos a ella algunas de nuestras cosas y escuchamos algunas en las que tal
vez no habíamos pensado. Nos contó por ejemplo que cuando los judíos fueron
enviados a los guetos, los pequeños poblados se quedaron sin comerciantes,
artesanos y profesionales, que los agricultores no tenían quién compre sus
productos, quién les arregle los dientes, quién les remiende los zapatos, que
fue un descalabro desde el punto de vista de las necesidades cotidianas.
Estuvo claro que las primeras víctimas éramos los judíos, que en su plan
maestro los nazis tenían destinado para los eslavos primero el lugar de
esclavos y luego probablemente su exterminio para no deshonrar a la raza aria
con sus impurezas. La posición oficial polaca es la de las víctimas: "no somos
responsables de lo que pasó, a nosotros también nos pasó" podría sintetizarlo.
Hablamos por supuesto de la diferencia en grado y esencialidad de ambas
poblaciones de víctimas, entre judíos y polacos y establecimos que ninguna
comparación es válida ni posible.
Decía que el título podría haber sido "Cruces
y paralelas" porque la presencia de la Iglesia Católica fue un momento difícil
de la conversación. La identificación de lo polaco con lo católico por un lado
y el profundo antisemtismo difundido por la iglesia a lo largo de los siglos,
fue un punto central del intercambio y cuestiones que no tienen respuestas.
También conversamos sobre la influencia de lo
judío en lo polaco y de lo polaco en lo judío. Cruces y paralelas.
Cerramos la actividad en ese sentido
con la lectura del texto de Zully que termina así:
En 1999 realicé mi primer viaje a
Polonia en busca de los diamantes depositados en 1000 años de historia de la
comunidad judía polaca. El primero de ellos lo encontré en el mismísimo palacio
de la bella Cracovia. Fue allí donde el rey Kazimierz el grande, que reinó en
Polonia entre los años 1333 y 1370, se enamoró de Estherka, la hija de un sastre
judío. Como Ester, el personaje bíblico, también aquí el relato sostiene que
Estherka intercedió ante el rey a favor de su pueblo. El hecho es que en el año
1334 el rey Kazimierz confirmó y extendió el estatuto de Kalish, verdadero
cuerpo legal que otorgaba priviligios y derechos a los judios que querían vivir
en Polonia. Muchas ciudades y pueblos polacos registran en su historia las
huellas de este amor. Dice una de las leyendas que la ciudad de Radom recibió su
nombre por las palabras Radosc y Dom que significa “la casa de la alegría” ya
que allí estaba la residencia donde el rey se encontraba con Estherka.
Le envié el siguiente mail a Izabela:
Izabela,
Todavía estoy bajo la impresión de la potente reunión de anoche. Repito mi
reconocimiento por tu inteligencia y presencia de ánimo y por la altura con
que respondiste algunos comentarios que remiten a dolores vivos, a heridas
que no cierran. Si Estherka y Kazimiercz pudieran ser una analogía, y si la
misma pudiera ser forzada un poco más, los polacos no judíos y los polacos
judíos parecemos un matrimonio que ha convivido mucho tiempo. Convivencia
determinada no por amor sino por imperio de las circunstancias, por ocupar
una misma casa. Él dueño de casa, ella como visitante siempre pidiendo
permiso, siempre pidiendo perdón, siempre temiendo ser castigada o echada.
Un matrimonio que se ha prometido cosas que no siempre ha cumplido, que se
ha mirado con mútua sospecha, que ha dado y recibido desprecios que ni uno
ni otro ha comprendido. Nunca es igual el poder de quien es dueño, las
fuerzas nunca fueron iguales ni es posible compararlas, tan sólo una
aventurada analogía. La "mujer" entregó y regó con mucho de esencia y
sentido, enriqueció de formas aún no reconocidas por el "hombre" el devenir
de su convivencia. Ayer sentí que había en los corazones de los más viejos,
el dolor de la traición, el reclamo de haber sido abandonados, entregados,
denunciados por quien creía que era un compañero en el camino. Creo que será
bueno para el alivio de muchos corazones, este tipo de diálogo en el que se
puede escuchar cómo era para el otro, cuánto de lo sucedido podría leerse de
otra manera. Igual que en el caso de las mujeres golpeadas sin embargo, lo
primero que hace falta para poder establecer un diálogo franco y posible, es
el reconocimiento del golpe, el arrepentimiento, el pedido de perdón y la
conducta concreta de compensación. Lo que nos obligamos a hacer los judíos
para el Día del Perdón: reconocer el daño, arrepentirnos, pedir perdón y
compensar al dañado de manera concreta, en la comprensión profunda de cuánto
requiere la cicatrización de una afrenta.
Esto fue lo que me contestó:
Diana,
Gracias otra vez por la
oportunidad que me has dado ayer. Era un encuentro conmovedor y muy
emocionante. Hablemos de muchas cosas pero tambien muchas preguntas quedaron
sin respuesta, pero nose puede incluir tantos siglos de la historia de
conviviencia, a veces dificil, en un encuentro de dos horas y supongo que
mucha gente se quedo insatisfecha, como yo.
Tu carta
tambien me muestra que hay que seguir hablando para empezar de entender a
otra parte. Como los polacos tienen que entender los judios y su dolor asi
mismo los judios tienen que hacer esfuerzo de entender a los polacos. Como
escribiste compartimos muchos anos en la misma casa, polacos como duenos y
judios como invitados al principio, que con tiempo se convirtieron en
coinquilinos. La confiviencia no era un camino de rosas pero funcionaba y
Polonia se convirtio en un centro mas grande de Europa de la cultura judia.
Un dia vino el intruso que mato a los coinquilinos y a los duenos les quito
la casa. Despues Polonia y el mundo nunca sera lo mismo.
Para todos fue evidente que tienen que
haber más de estos encuentros que por un lado nos ayuden a comprender y que
ayuden a los polacos a hacerse cargo, a hacer el trabajo que aún tienen
pendiente y que tal vez les sea imprescindible para formar parte de la Unión
Europea.
Diana Wang
GENERACIONES DE LA SHOÁ