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Boletín
Nº 3 - Enero 2005 |
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Después
del éxito obtenido
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Para
los que estén en Buenos Aires
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| En este número: |
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Tragedia
en Asia y en el Once. Temas que reavivan lo nuestro.
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Aunque
expertos sin quererlo en tragedias, seguimos sin comprender.
Tsunami, maremoto, muertes regadas en playas y poblados, turistas y pobladores arrancados por miles.... boliche, recital, callejeros, fiesta que se ahoga en humo y muerte, fin de año triste, doloroso, desgarrado. La furia de la naturaleza y la imprevisión criminal de empresarios delincuentes nos ha puesto una vez más frente a la impotencia, a la rabia, a esa sensación de "manos atadas" frente al horror que conocíamos y que siempre nos sorprende en su re-edición. El 4 de enero de 2005, el comité ejecutivo de la World Federation of Jewish Child Survivors, donó 2.500 dólares a organizaciones judías de ayuda a las víctimas del desastre asiático: 1.250 para el Magen David Adom y 1.250 para Jabad de Tailandia. Las imágenes, de allá y de acá, nos conmueven y dejan vacíos. El suceso local nos sume en la siempre presente pregunta sobre el Mal, sobre la corrupción, sobre la manipulación, sobre la falta de conciencia, sobre la falta de educación, sobre la ausencia de protección, sobre la soledad en la que parecemos estar. También habrá sobrevivientes. También se preguntarán "por qué yo". También se sentirán incómodos por seguir vivos. También la sombra de los que no están exigirá respuestas, buscará sentidos, clamará por consuelo. Sabemos de todo esto. Sabemos: ¿hay algo que podamos hacer? ¿hay algo que tenemos para decir? Sería bueno que viéramos si podemos colaborar con nuestra experiencia. Es un tema abierto para la reflexión y la discusión conjunta. |
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Comentarios
y reacciones de "De Cara al Futuro"
Terminado "De Cara al Futuro" seguimos en sus ecos y consecuencias. A continuación algunos comentarios y textos que merecen ser compartidos por todos: |
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Palabras de Jorge Semprún emitidas en el acto inaugural: Ahora bien, qué futuro podemos esperar y qué podemos esperar del futuro si no queda memoria, si se desvanece la memoria. Este es un problema general en nuestra vieja Europa, desde la cual estoy hablando con ustedes. Se está produciendo una evolución de la relación de la memoria con el futuro debido a la ampliación de Europa a los diez países del Este que han sufrido los dos totalitarismos sucesivamente: el nazi y el estaliniano. Al reunirse estas dos memorias de la vieja Europa, tal vez podamos ahora conseguir un futuro en el cual esta memoria unificada tenga su verdadero sentido y no sea una memoria parcial, fragmentada, disuelta. Ustedes, en Argentina, en América del Sur, tienen naturalmente otra relación con la memoria, una relación que yo, por desgracia, desconozco y en la cual no puedo intervenir, sobre la cual no puedo opinar. Hay sin embargo un hecho esencial, que nos reúne a todos en cuanto hablamos del futuro de la memoria, de la memoria “de cara al futuro” que es vuestro lema de hoy. Nos une un hecho que está en todas partes, en el mundo entero. Cualquiera que sea el núcleo social, el grupo, la colectividad que recuerde el exterminio del pueblo judío en Europa estamos en un momento en el que van a desaparecer los testigos. Los testigos presenciales, los que pueden todavía decir “yo estuve”, “yo estuve junto a la experiencia del exterminio”, “yo percibí algo de esa experiencia”, “yo puedo transmitirla”, “yo soy testigo directo”. Esto va a desaparecer. Al final, en unos años, dentro de poco tiempo, no habrá memoria directa del exterminio, no habrá memoria directa de los campos de concentración y de exterminio. No quedamos más que algunos testigos de esa memoria, y por consiguiente hay que pensar en ese futuro de la ausencia de testigos, en lo que va a significar. Y lo que significa creo yo, fundamentalmente, es la necesidad de seguir transmitiendo aunque sea por las vías indirectas de la elaboración de la memoria, del mantenimiento de la memoria, del remachar en la memoria... seguir manteniendo esa experiencia directa de lo que fue el exterminio en Europa. Y el exterminio de Europa que sigue fusionando, trabajando en la memoria de los pueblos.Yo creo que esto es lo esencial del momento de hoy. Saber que estamos en ese momento y que ya nadie va a poder decir: “yo estuve”, “yo lo vi”, como decía Goya en la leyenda de uno de sus grabados de los horrores de los desastres de la guerra decía “yo lo vi” pues ya, dentro de poco, nadie podrá decir lo que Goya dijo hablando de los desastres de la guerra napoleónicas, “yo lo vi”. No, nadie podrá decirlo. Pero sin embargo, el exterminio tendrá que estar en el futuro de nuestra memoria colectiva. Y tendrá que estar, por consiguiente, trabajado, elaborado, transmitido por las generaciones sucesivas. Mantengamos entre todos, aún que hayamos desaparecido bien pronto los testigos directos, mantengamos la memoria del exterminio y sus lecciones principales, sus enseñanzas principales. O sea, la enseñanza de aquel sufrimiento, de aquella arbitrariedad, de aquella monstruosidad, tan singular en la historia de Europa y que es tal vez lo más horrible y lo menos fácil de expresar y de decir en la historia de Europa. Mantengamos aunque sea indirectamente esa memoria para seguir pensando, no solo en las víctimas, sino en los supervivientes, y en los hijos y nietos de los supervivientes para que esa memoria nos ayude a mantener la lucha por las libertades, por la igualdad, por el reconocimiento de todas las colectividades, la lucha contra el antisemitismo, contra el racismo, que son y siguen siendo los valores ejemplares “de cara al futuro”. Esto es lo que quiero decirles en el comienzo de vuestros trabajos. Suerte,
salud y hasta pronto. www.alfuturo.org
sigue abierta, hemos renovado la suscripción por cinco
años. Allí vamos subiendo las desgrabaciones de los
discursos a medida que vamos recibiendo sus correcciones
de mano de sus autores. Visítenla, recomienden a sus
amigos, familiares y conocidos que lo hagan, vean las
fotos. A quien le
interese, favor de llamar a nuestro número, 4864-4660 |
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Sobre
nuestra Asociación
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| Asociación
"Generaciones de la Shoá en Argentina". La asociación ha sido gestada por imperio de la necesidad de unir a los dos grupos en la organización del Encuentro "De Cara al Futuro". Finalizada la tarea, con la personería jurídica en vigencia, deberemos pensar y decidir sobre su futuro y acciones. No sólo el lugar de reunión y nuestra vinculación con el Museo de la Shoá sino el objetivo para este año y sus actividades consecuentes. Convocaremos para ello a una asamblea a fines de marzo para la renovación de la Comisión Directiva, la revisión de las cuentas, la inclusión de nuevos miembros y la discusión conjunta de la forma de cumplimentar nuestra misión y nuestras necesidades. Mientras, cada uno de nosotros, en una mirada introspectiva, piensa y se pone en contacto con lo que desea y prefiere así lo podemos conversar cuando estemos todos juntos. |
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"Los
niños escondidos". El libro, la presentación.
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9
de noviembre de 2004 fue la presentación en Centro Cultural
Recoleta. Junto con el poeta, el querido Eliahu Toker, cinco
nietos, los nietos de Dina, Noelly, Claudia, Kati y Tommy, leyeron
fragmentos que contaron sus propios abuelos. Fue una escenificación
contundente tanto de las edades de los protagonistas del libro
personificados en sus nietos, como de la transmisión de su
memoria y la recepción de su legado. De manera fresca, informal y
valiente, sostuvieron el papel con manos temblorosas y permitieron
al público presente, compartir y ver de qué se trata el libro y
cuál es su clima. He aquí a los responsables de la presentación:
Parte de los testigos-protagonistas y sus descendientes que estuvieron presentes esa noche:
Nuestro libro sigue por suerte un camino venturoso. Recibe unánimes comentarios elogiosos, lo que refresca nuestra misión de transmitir y hablar y dejar semillas por doquier. Fue pensado, básicamente, como un libro de texto para escuelas, algo que abriera el interés de búsquedas e investigaciones, que ofreciera de la mano del testimonio vivo, un vivo retrato de lo que fue. Está en curso en estos días, su re-impresión. Si se vende, si hay quien lo compre, si hay quien lo lea... no todo está perdido. |
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Noticiero
grupal (hechos, actividades...)
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Hechos,
actividades, noticiero grupal-cronológico-. - El 6 de enero falleció la mamá de Pedro Boschán, Lidia. Con cada uno de nosotros que se va, se va un testigo y más y renueva nuestra misión. Un cariñoso abrazo a nuestro querido Pedro. |
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Un
libro sobre los Salvadores. Apertura de un recuerdo en uno de
nosotros.
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| "Los Salvadores" |
| El
tema de los justos, de los salvadores, está siendo cada vez más un
eje de memoria, reflexión, aprendizaje y enseñanza que nos provee
la Shoá. El legado que los salvadores han entregado a las
generaciones más jóvenes en el Encuentro De Cara al
Futuro (su texto completo puede ser leído en
nuestra página web) es un legado universal y que abre puertas
a silencios de decenios. Compartamos lo que ello provoca en algunos
de nosotros. A continuación la reseña de un libro que habla sobre
el tema y la reacción que produjo en una hija de sobrevivientes. En el Jerusalem Post ha salido el siguiente artículo el 13 de diciembre de 2004, escrito por la periodista Veronique Mistiaen. DE GENERACIÓN A GENERACIÓN MONA WEISSMARK precisó varias décadas para poder decir gracias. Pero el pasado verano, esta psicóloga de Chicago, consiguió que la familia de un pastor alemán recibiera el reconocimiento de Yad Vashem como “Justo entre las Naciones” por haber salvado la vida de su padre y un amigo suyo en abril de 1945. El reconocimiento representa la culminación de un viaje personal y profesional largo y difícil para Weissmark, la autora de "Justice Matters" (La justicia importa). Fue el viaje que la llevó de ser una odiadora ferviente de los alemanes hacia el interesarse en los conflictos intergeneracionales y las reconciliaciones y llegar a ser finalmente alguien capaz de ver las cosas desde el otro lado. “Fue mi modo de expresar gratitud y terminar este asunto que mi papá había dejado inconcluso”, dice Weissmark de 49 años, Profesora Asociada de la Northwestern University. En abril de 1945, pocas semanas antes del final de la Guerra, los SS arrearon a los prisiones del campo de concentración Langenstein-Zwieberge con la intención de llevarlos a una mina cercana para matarlos. Adolf Weissmark, el padre de Mona, y un amigo suyo, Rudolf Klepfisz, lograron escapar y llegaron a Bämecke, un poblado vecino en las montañas Harz del centro norte de Alemania. Allí, hambreados, cubiertos de piojos, enfermos de tifus y disentería, se desvanecieron en el umbral de la casa del pastor Julius Seebasz. La esposa del pastor y sus hijas, Renate y Ricarda, bañaron y vistieron a los dos fugitivos, los cuidaron y los regresaron a la vida. Vivieron con ellos durante varios meses, hasta que pudieron inmigrar a los Estados Unidos. Ricarda, que se había contagiado el tifus, murió en el enero siguiente y pronto Renate se mudó a Inglaterra donde se ordenó como monja anglicana. La compasión de la familia Seebasz y los riesgos que tomaron, hicieron más que salvar la vida de su padre. Weissmark dice “salvaron su fe en la bondad humana. Salvaron su alma y la mía y la de mi hija, porque esto nos ha sido transmitido”. Weissmark es conocida por sus investigaciones sociales en la década del noventa cuando reunió a hijos de sobrevivientes de la Shoá con hijos de nazis, hijos de descendientes de esclavos negros con hijos de descendientes de dueños de esclavos. Su propósito era unir a los grupos antagonistas “no para olvidar o perdonar el pasado sino para crear un nuevo futuro” dice Weissmark quien registra estos dolorosos pero productivos encuentros en “La justicia importa”. Mona Weissmark creció en Forest Hills, New York, sin otros familiares que su familia inmediata. Recién a los 7 años comprendió por qué su árbol genealógico era tan pequeño. Era el año 1961 y su madre estaba viendo imágenes del juicio a Eichmann en Jerusalén. “Debería ser torturado y luego muerto” murmuró su madre antes de explicarle que el número que tenía en su brazo no era su número telefónico sino que le había sido tatuado en Auschwitz. También le contó a Mona que su padre era un sobreviviente de Dachau y de Langenstein-Zwieberge, un sub-campo de Buchenwald, y que el resto de sus familias había sido asesinado por los nazis. Más tarde, cuando tuvo 15 años, Adolf Weissmark le contó otra historia, la del “buen pastor alemán que salvó mi vida”. Casi 60 años después la hermana Renate dice que el rescate de los dos jóvenes afectó su vida entera “desde entonces trato a la vida como algo muy importante y precioso habiendo visto a esas dos personas convertidas en esqueletos que pudieron recuperar su humanidad después de haber recibido, además de alimento, aceptación y amor”. Mona, por su lado, nunca habló con su padre sobre este acto de salvación ni sobre la muerte de Ricarda, y enterró ese recuerdo profundamente por más de 30 años. "Ignoré y borré lo que el pastor Seebasz y su familia hizo por mi padre, porque crecí con un odio profundo hacia todos los alemanes y no estaba lista para hacer una excepción” dice. Y su padre, aunque agradecido, no insistió sobre la conducta de Seebasz. "En las mentes de mis padres lo que primaba era la terrible pérdida, el asesinato, la devastación, no quienes los ayudaron. Cuando uno ha experimentado una tal devastación, es difícil conectarte con la otra parte. Queda como una visión indiferenciada del otro lado. Son todos malos” explica Weissmark, quien ha encontrado esta actitud muchas veces durante sus reuniones con grupos antagonistas descriptos en su libro. Tal actitud no es sorprendente, dice Brendan Maher, Profesor Emérito de Psicología de la Personalidad en la Universidad de Harvard. “Es muy, muy difícil abandonar la percepción de no estar en lo cierto. Esto no es solo verdad en individuos que han sido víctimas sino en cualquiera que ha invertido energías y creencia en un punto de vista aún cuando son ellos quienes están equivocados”. Después de haber terminado la escuela secundaria, Weissmark, una apasionada sionista, se fue a Israel con el sentimiento de que “lo mejor que podía hacer era alistarse en el Ejército Israelí para defender la existencia del Estado de Israel”. Su carencia de fluidez en hebreo no le permitió seguir los estudios allí por lo cual se graduó con un doctorado en Psicología en 1986 en la Universidad Pennsylvania. Sus intereses académicos fueron uniéndose lentamente con sus intereses personales. “Leía sobre los efectos patológicos en los sobrevivientes de la Shoá, en sus hijos, en los nazis y en sus hijos. Comencé a ver a la injusticia como un tema intergeneracional e interpersonal”. Decidió enfocar su investigación en las relaciones entre los hijos de sobrevivientes de la Shoá y los hijos de nazis y hacer que se enfrentaran cara a cara por primera vez. Estos encuentros extraordinarios, y el proceso por el cual ambos lados aprendieron a aceptar sus respectivos pasados, están descriptos en “La justicia importa”. Los hallazgos del libro proveen un nuevo marco conceptual y de comprensión sobre la psicología de la injusticia “mostrando cómo los sentimientos sobre la injusticia se mantienen vivos generación tras generación”. Y, agrega, "puede ser aplicado a muchos conflictos resultantes de viejos conflictos centenarios, tales como los de Israel, Irlanda del norte, Bosnia o Sri Lanka. Las circunstancias son diferentes, la cantidad de víctimas es diferente y personalmente, creo que la Shoá no es comparable a otras situaciones. Sin embargo, pienso que los mecanismos psico-sociales son similares. El modo en que la gente responde a la injusticia es universal”. Preguntada sobre cómo aplicaría el contexto de su libro al conflicto entre israelíes y palestinos, explica que “cada lado se ve como la ‘víctima’ legítima de una injusticia anterior. Aunque puedan en un momento convenir sobre hechos históricos, el ruido cubre el significado de estos hechos y lo tapa con nombres, idiomas, causas y responsabilidades. Para cada lado, el conflicto está representado como un legado que incluye valores, creencias y emociones incompatibles y, en consecuencia, alimentadoras del conflicto” explica. Una tal reconciliación debía suceder antes que nada entre ella misma y la hermana Renate, a quien debía ver de manera amistosa. La monja, dice Weissmark, tiene un “punto de vista completamente diferente de los hechos... La hermana Renate ve a la Shoá en el contexto de la historia de Alemania y especialmente con lo sucedido después de la Primera Guerra. De acuerdo a este punto de vista, al final de aquella guerra, muchos alemanes se sintieron profundamente humillados. Luego vino la enorme crisis económica. Hitler dio a los alemanes nuevas esperanzas para un futuro mejor y un sentido de auto estima restaurada. Mi punto de visto de los hechos era muy diferente. Estaba convencida de que la Alemania pre-nazi había sido uniforme y general basada en una cultura cristiana profundamente antisemita. Hace unos pocos años no me habría sido posible escuchar el ‘punto de vista alemán’. Ahora puedo tener compasión por el otro lado, por sus pérdidas y sufrimientos”. Hasta su cambio de corazón, agrega Weissmark, “sostenía firmemente la visión de que todos los alemanes eran responsables. No había espacio para alemanes inocentes o para un pastor alemán bueno y decente o para una chica alemana que sacrificara su vida por salvar la de mi padre”. “Los Seebasz perdieron su hogar, expropiado por los rusos cuando ocuparon la ciudad, sus trabajos y su amada Ricarda durante la guerra, pero no podía ver sus pérdidas porque el status de las víctimas de mi familia me absolvía de considerarlo. Nunca pensé en el pastor Seebasz y su familia”. Recién cuando Weissmark escribió su libro, resurgió el recuerdo de la bondad de los Seebasz y la llevó a revisar sus sentimientos. Luego de meses de introspección y dudas, y la investigación en Internet de su marido, Daniel Giacomo, psiquiatra, Weissmark consiguió rastrear a la hija del pastor en el Convento del Sagrado Nombre en Derby, Inglaterra. El año pasado, se hablaron por primera vez por teléfono. No dejaron de hacerlo desde entonces. En abril, Weissmark le envió a la monja, una copia de su libro dedicado a la familia Seebasz. Weissmark invitó a la hermana Renate y a su hermano, Stephen Seebasz, un profesor de música en Alemania, a visitarla en Chicago en febrero y a dar una conferencia en el Instituto Goethe sobre la experiencia vivida durante la guerra. "Es un regalo hermoso, un tesoro para mi vida", dice la hermana Renate que desea conocer personalmente a Weissmark. Y el reconocimiento de Yad Vashem, cuya ceremonia tuvo lugar en la embajada de Israel en Londres a principios de noviembre, “significó mucho para mí” agrega. “Mi hermana y mis padres están muertos pero que hayan sido reconocidos de esta manera es increíble”. Agrega Weissmark “a veces los hijos deben terminar lo que sus padres dejaron pendiente. Es lo que estoy haciendo con la hermana Renate”. Hace muy poco, empezó a hablar sobre el legado familiar con su hija Brittany. Tiene 7 años, su misma edad cuando supo sobre el pasado. “Caí en la cuenta de que empecé nuestra historia familiar con lo positivo, con el pastor Seebasz y la hermana Renate. Tal vez el resentimiento contra todos los alemanes pertenezca a mi generación y quizá la gratitud hacia algunos alemanes pueda pertenecer a la de mi hija”.
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El comentario de Renata Schreiber -hija de
sobrevivientes- al recibirlo fue: Leí muy emocionada el art. y
recordé que la familia de mi mamá también tuvo un salvador, hoy
él y su mujer ya no viven ,y ni siquiera sé, si sus hijos que en
aquel entonces eran grandes aún sobreviven... pero lo que si sé,
es que su nombre merecería figurar en la lista de aquellos que aún
a riesgo de su vida ayudaron a otros seres humanos que tanto lo
necesitaban, todas las puertas se cerraron para mi mamá y sus
padres, sola una se abrió y fué tan importante que durante años
ni su esposa ,ni sus hijos ,supieron que albergaba a una familia judía.
Eso les salvó la vida a todos. |
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Palabras
en la apertura del Encuentro. Su vigencia hoy para el grupo.
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| Las
palabras con las que abrí el Encuentro De Cara al Futuro,
son las que nos alientan y congregan y las que le dan sentido a que
seamos un grupo y recibamos a los que carecen del abrigo que este
nido nos proporciona: Tenemos un himno de supervivencia que dice: Zog nisht keinmol az du gueist dem letstn veg (No digas nunca que es éste tu último camino). Nosotros, los sobrevivientes, hijos y nietos de sobrevivientes, las Generaciones de la Shoá, sabemos que es así. Sabemos que los caminos no terminan nunca, que nuestros pasos los dibujan a cada paso y que nuestros hijos seguirán caminando en sus pasos los nuestros. Los que venimos de la shoá, aunque no lo digamos, aunque a veces ni siquiera lo pensemos, en cada seder de pesaj, en cada cena de rosh hashaná, en cada cumpleaños, en cada casamiento, en cada nacimiento sabemos que no pudieron destruirnos, que estamos acá. Bienvenidos todos a este Encuentro donde la memoria se pondrá al servicio del futuro. Recordar el horror seguirá siendo nuestro mandato íntimo cotidiano, pero hoy estamos acá porque la vida ha seguido, somos responsables por ello y se lo debemos a las generaciones que nos sigan. Bienvenidos a esta afirmación de la potencia de la vida que defenderemos y honraremos con lo aprendido durante la shoá. Nuestro sueño, crecido al abrigo de la fraternidad que construimos en el grupo y amasado en años de compartir experiencias, se hizo realidad. Por los que ya no están, por todos ustedes, por los que nos seguirán, digamos con firmeza De Cara al Futuro y en idish: Mir zainen do. Buen verano para todos. Diana Wang |
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