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Texto
de Marisha
Blum
Anticipando el Futuro:
“La historia de este objeto”.
Crónica de un taller
El domingo 28 de marzo pasado en el marco de la Fundación
Memoria del Holocausto tuvo lugar, con
gran éxito, tanto en participantes como contenidos, el
Preencuentro “Anticipando el futuro”. Fue el primer paso
de DE
CARA AL FUTURO, el Encuentro
Internacional de Generaciones de la SHoá, que se realizará entre
el 21 y 24 de Noviembre de
2004, por primera vez en habla hispana. Convocado por la
Fundación Memoria
del Holocausto-Museo de la SHoá y
Generaciones de la Shoá en Argentina, reunirá en Centro Cultural
General San Martín a los
sobrevivientes de la Shoá, a sus hijos, a sus nietos y a todo
aquél interesado en reflexionar
sobre el tema.
Captar, transferir y relatar el clima emocional de un taller, es
una tarea difícil. Intentaré contarlo aunque
sepa que, posiblemente, es mucho lo que se perdió. Me consuela
saber que seguramente habrá
oportunidad para aquellos que no se vean reflejados, a
hacerlo en otro momento o se tienten, tal vez, a ponerlo por
escrito.
Lo que continúa es la crónica, en un registro subjetivo por
cierto, de uno de los diez talleres que se
realizaron. Se llamó “La historia de este objeto” y a mí me tocó
la responsabilidad de ser su facilitadora.
Éramos varias personas con diferentes edades y variadas
experiencias que compartimos la intimidad de
ese objeto que, muchas veces, sobrevivió a la muerte.
La consigna había sido, al momento de la inscripción, que quien
tuviera algún objeto venido de la Shoá, si quería, lo
trajera. Muchos de nosotros lo hicimos. Yo traje un vasito de
plata de la casa de mamá en
Polonia. Otros tan sólo los mencionaron y otros hablaron, sin
aludir a ningún objeto, de sus sufrimientos y avatares
durante la guerra, lo cual no es poco y como dicen los israelíes
"Kol a cavot” (todos los
honores).
Algunos intervinieron más, otros menos y otros permanecieron en
silencio, cada uno desde el
lugar que podía. Pero fue valiosísima la presencia de
absolutamente todos; bien sabemos que para que
alguien transmita, es necesario el soporte de otro que lo
escuche.
Comenzó
Luba
refiriéndose a una foto en la que se ven a sus abuelos en
Bialystok y la siguió
Lea, quien sacó un
trozo de tela, un poco más grande que un pañuelo, a cuadritos
con alegres colores. Telita que había pertenecido a un vestido
de su madre y a la que Lea tocaba, acariciaba, palpaba,
sentía, doblaba, daba vueltas.......mil formas de recuperar a su
madre,
de
tenerla con ella. Tuve ganas de tocarla yo también, y de hecho
más de uno se la pedimos. Mientras contaba que a esa tela la
rescató, junto con otras cosas, de un escondite que había sido
magníficamente hecho por su tío; tanto que al terminar la
guerra lo encontraron tal cual lo habían dejado. Me quedó
resonando: "sobreviví por casualidad", “cuando veía la primavera
y todo empezaba a florecer, decía: Di velt is shein ober
nisht far mir (el mundo es lindo, pero no para mi)”, "a mi me
gusta vestirme con telas a cuadritos....” .
Dina,
nos hizo “ver”, sin traer la foto concretamente, su carita,
desde un barco, en medio de
japoneses inmigrantes. A través de esta imagen contó como fue el
periplo de ella y su familia para llegar a
la Argentina, dónde habían sido llamados por su abuela. Era el
año 40 y en ese intento debieron y
alcanzaron a tramitar la visa para ir al Japón. ¡Sí, al Japón!.
La visa les fue concedida por el
Consulado Japonés en Kaunas (Lituania) cuyo cónsul fue Sempo
Sugihara, quien tiempo después
fue trasladado a Berlín por incumplimiento de órdenes
superiores.
Luego de viajar con el
Transiberiano
de Moscú a Vladivostok,
cruzaron en un barco al puerto de Kobe (Japón) y allí quedaron a
la espera del
barco de carga África
Marú cuyo destino era Buenos Aires, ciudad a la cual llegaron
luego de 71 días
de travesía. Sempo
Sugihara fue honrado por Yad Vashem como Justo entre las
Naciones.
También
Irene
nos conmovió y enterneció mientras nos contaba acerca del objeto
del cual quería hablar: un
botoncito; el “botoncito protector” lo llamaría yo. Durante la
guerra en Polonia, llevaba puesto un tapadito y le dijeron
que ante determinada situación entregara el botón que formaba
parte de él. Dentro del forro del
botón había una moneda de oro, hecho que ella desconocía, y que,
obviamente, y todos sabemos que
si la suerte estaba a su favor, le podía salvar la vida. Irene
chiquita, Irene tan expuesta.
Nuestra mirada se dirigió a
Alberto,
quien de un elegante estuche de cuero desenfundó unas piezas
que resultaron ser los vagones de un trencito de juguete. Los
apoyó en el piso, los enfiló, mientras
todos mirábamos fascinados al “trencito de la vida”. Nunca tan
adecuadamente algo alude al nombre
de la película con ese título, lo tocamos y jugamos un poco con
el. Nos contó que en París, durante el
período de la guerra, su
papá le talló en madera y le pintó este maravilloso trencito.
¡Qué ofrenda
más hermosa, llena de vida, para que su hijo jugara!. Fue la
primera vez que se animó a sacarlo de su casa.
Frida
tenía entre sus manos un álbum de poesías que era el que tenía
el día que la fueron a buscar
para esconderse. Desde Mayo de 1940, Holanda estaba ocupada por
los nazis y en Agosto de ese mismo
año le regalaron,
cuando cumplió 8
años, este “librito”. Hacia fines del 42 se prohibió a los
chicos judíos el acceso
a los colegios
estatales. Frida y su familia vivían en los suburbios de la
ciudad, en donde no existía
una escuela judía, por
tanto se improvisó en la Casa Comunitaria, en dos pequeñas
aulas, un lugar en el
cual algunos pocos
maestros y profesores judíos trataron de dar clases. Todos los
chicos venían de
diferentes escuelas y
allí hicieron nuevos amigos. Mencionó un poema en especial que
era de una
nena llamado Greetje
Cohen Treves, cuya hermana Paula era compañera suya. Greetje
tenia unos años
más que ellas,
probablemente 13 años, con la cual compartían el mismo aula(las
aulas eran compartidas
por niños de distintas
edades y diferentes clases).
Frida nos lo tradujo:
“Más tarde cuando
vuelva la luz
y volvamos a mirar nuestros cuadernos de poemas,
cuando
recordemos nuestros sufrimientos,
estas situaciones dolorosas, que entonces nos van a parecer
irreales
Cuando
tratemos de rescatar algo positivo de estos tiempos,
será el
hecho de haber encontrado muchos buenos amigos,
de habernos
conocido”
Luego de leer esto Frida reflexionó acerca de la madurez de esta
amiga, de lo cual se dio cuenta, como es lógico,
con posterioridad. Nunca supo más de estas dos hermanitas, como
de tantos otros compañeros de esta escuela que
duró pocos meses, de los cuales también guarda anotaciones. No
sabe en realidad en
cuanto tiempo, pero recuerda bien que cada vez eran menos
quienes concurrían
a las clases.
Al
hojear de nuevo el
cuaderno se pudo fijar, más concientemente, en las fechas y
así pudo reconstruir
una parte de su
historia..Observó, casi sorprendida, que su apellido fue tachado
por ella misma para que
no se viera. Por otra
parte también notó que la última poesía es de su hija, cuando
ella misma tenia ocho
años, y se la dedicó
para el día de la Madre.
A esta altura, en el taller ya circulaban entre los integrantes
todos los objetos. Cada uno los tomó con
temor, con respeto, con sumo cuidado. Son testigos, para
reactivar la memoria. Son objetos
sagrados e irrepetibles.
Luego pasó a hablar
Edith H.,
húngara , sobreviviente. Sin referirse a ningún objeto en
particular,
repasó tramos de su historia. Le costaba expresarse en español,
pero todos sabíamos de qué hablaba.
En un momento decidió callar, por que “le hace mal”, como dijo.
No nos sorprendió, esto era muy común en
los tiempos inmediatos a la guerra. Aún muchos años después lo
sigue siendo, aunque, por otro lado,
había y aún hay , esto es una percepción y convicción
personal, grandes resistencias a escuchar a
los sobrevivientes, a los “ grine”.
Carlotta
sacó como una especie de documento. Era un Semanario en húngaro
que producían en los campos de liberación. Se tomó el trabajo de
traducir algún fragmento y lo leyó en el taller.
Continuó
Edith Ch.
Su objeto era un libro con la historia de su escuela en
Alemania, cuyo Director arriesgó
su vida
para salvar a otros
y quien fue asesinado con su esposa y sus tres hijos en
Trostenez, cerca de Minsk, en 1942.
El nombre del Director de la "JAWNE", primer colegio secundario
judío de Renania, era Dr. Erich Klibansky.
Edith intentó rescatar y recordar a aquellos salvadores que no
son tan renombrados ni conocidos y esta es una manera de que
conociéramos y reconociéramos a su maestro, en el pleno sentido
de la palabra, el Director de su escuela.
Rosa D.,
polaca, sobreviviente, habló de una foto con 4 mujeres que,
parecía que había conservado su padre. Contó los padeceres por
los que tuvo que atravesar, que no se terminan de repetir,
porque nunca se terminan de expresar, y
hasta pareciera que causan perplejidad al mismo que los intenta
decir.
Ania,
con sus ojos muy abiertos, se refirió como objeto, aunque no lo
dijo expresamente, al “tacho de
basura” en el cual la escondieron y relató que fue salvada por
una mujer católica. Se le estremecía la voz.
Había pasado la guerra como católica y en el año 48 no le
creyeron que era judía; luego de la Shoá, había
que seguir luchando, entre otras cosas, para que le reconocieran
su identidad.
Mira
tenía en sus manos una cajita rectangular con tapita
transparente. Contó que curiosamente en Auschwitz“en donde
nos sacaron todo, hasta el nombre” encontró un cuchillito, que
es el que estaba
adentro de la cajita que ya circulaba entre nosotros. Con ese
cuchillito, ella que “tenía ganas de comerlo
todo”, por consejo de su madre “cortaba un poco de pan y me
dejaba algo para después”. Esto al mismo
tiempo que la limitaba, aunque igual hubiese sido imposible que
saciara su hambre, la aliviaba, porque “quedaba algo
para después”. Mira contó esto ante la presencia de su hija Eva,
segunda generación, y de su nieto,
tercera generación, que
estaba acompañado por su novia. Fue un momento muy especial, de
fuerte
encuentro emocional y de plasmación de la transmisión del
legado. Son esos instantes privilegiados de la
vida en las que algo cierra y uno puede decir “cartón lleno”.
Cuando alguien expresó que siente culpa de
haber sobrevivido, Mira dijo : “yo no siento culpa, siento
asombro”. Asombro de asistir a lo que estaba
viviendo luego de haber sobrevivido a lo inimaginable y , tal
vez desde ese lugar, , ni siquiera haberse
atrevido a soñar que la vida le podía ofrecer ese momento, de
alguna manera, pleno y glorioso.
Freda
trajo un objeto muy querido, un librito – cuadernito en el que
había pegado unos sellos , que
hablaban del hobby de su hermanito. Dijo “quiero hacer un
homenaje a mi hermanito”, no quiere que se lo
olvide, que su paso por la vida pase sin trascender. Lo recordó
en el ghetto de Lodz, en donde vivían.
Era 5 años menor que ella, “flaquito, chiquito”, pero igual la
ayudó muchísimo, ya que su madre estaba
enferma. Dijo en un
momento: “nunca superé la muerte de mi hermanito”. Le pedimos el
“librito”, que
también circuló entre nosotros.
Micheline
habló de unas fotos y continuó
Sara,
quien sintió el mandato de traer un mantel perteneciente a
una familiar sobreviviente quien guardó, durante la guerra, en
un altillo, todo su ajuar. ¡Hermoso gesto!.
De nuevo vimos, la insistencia de tratar de impedir que los
seres queridos y respetados hayan pasado por
esta vida inadvertidos. Los objetos permitían recordarlos, que
trasciendan, como también, reestablecer
de a poco, seguramente con límites, los huecos de lo quebrado.
Una amiga de Lea y Mira,
Merka (Mary) Szewach
que vive en
Israel,
escribió un poema con el que
terminó el taller. De su texto original en idish, Lea leyó la
traducción al castellano que hiciera Mira.
MADRE
Madre te quiero
flores traer
Quiero la piedra cerca
del corazón estrechar
Madre te quiero
flores traer
Y sentir que no estoy
sola y llorar
Quisiera flores
traerte , quisiera con vos conversar
Quisiera flores
traerte , pero no conozco el lugar
Quisiera flores
traerte madre , pero no sé adónde ir
Quisiera flores
traerte madre , pero adonde , adonde dejaste de existir?
Quisiera traerte
ramilletes floreados ,contarte que tengo patria ,familia ,lugar
Aunque de enemigos
rodeados ,para nosotros judíos , Israel nuestro único lugar
Quisiera madre flores
verter
Adónde los pongo?
Acaso me indicas....
Quiero por vos y para
vos versos leer , que expresen cómo me faltas
Y quiero traerte madre
, versos y flores
No hay lugar en dónde
buscar
Entonces los llevo en
el corazón , lleno de dolor
En vez de depositarlos
en el Sagrado Lugar.
No hay más nada que
agregar. Nos fuimos con un sentimiento de gran emoción y
plenitud.
Al día siguiente Eva Stupnik, integrante del grupo Segunda
Generación de Sobrevivientes,
escribió este
poema inspirado en lo
vivido en el taller.
Del taller de los
objetos
Viví en la niña Lea
amoroso trapito
que acarician sus
manos .
Irene , moneda – botón
botón – moneda,
vida y pan; pan y
coraje.
Alberto ternura
trencito en el suelo,
jugando, cual niño.
Preciosa libreta,
con aires de Holanda,
amigas de Frida
¿etéreas?...¡eternas!
Dolor de Freda,
su sabio hermano
¡niño por siempre!
Niña – niña,
eternamente niña.
Tus pies en el barro
de aquel nefasto
campo.
Un cuchillito
también abandonado
quien sabe ,por cuales
manos.
El pan cortabas
tu y mi abuelita
las rancias porciones
migaja tras migaja,
milagro tras milagro.
Un arco en el túnel
del tiempo ,
un arco de luz y de
esperanza,
de la transmisión del
dolor
al mensaje de la
reparación.
Estuviste, hijo
querido
mezclando tus vírgenes
lágrimas
a los secos ojos de tu
abuela
y a los míos de
humedad constante.
Fui balanceando el
pasado y el futuro,
sentí el equilibrio en
mis manos,
mamá – yo - ¡tú hijo ¡
futuro reparador de
aquel pasado.
Aquellos niños,
sabios maestros,
las cosas primarias.
Amor – Ternura.
Reparación y
esperanza. |