Última reunión del año.
El lunes 21 de noviembre tuvo lugar la reunión de la Segunda Generación. La conversación se puso en marcha espontáneamente y pusimos sobre la mesa muchos de los temas que nos son característicos: fotos, nombres, lugares, parentescos, preguntas, inquietudes, misterios, ansias de saber,… Comentamos el fenómeno de algunas amnesias que nos acometen por sorpresa, preguntas que no hemos hecho en su momento y la pregunta de por qué no hemos hecho las preguntas. Trixie había estado esa tarde en Migraciones buscando los datos de su llegada al país y vino con la misma conmoción que hemos sentido todos los que fuimos a “buscarnos” en los registros escritos. Se le abrieron recuerdos que no sabe cómo comprender, momentos, circunstancias que como flashes se encienden por momentos y quedan sin explicación. Pensamos en mandatos familiares, pactos de silencio y Riva se preguntó por la pertinencia de romperlos, como si el hurgar en las cajas cerradas por nuestros padres, en lo sagrado, lo tabú, no nos fuera permitido, se preguntó si lo cerrado no debía quedar así. Hablamos de la diferencia en las visiones de los sobrevivientes en los últimos años, que no es igual su posición de hoy que la que tenían hace diez años y más aún la que tenían antes. Que tal vez si muchos de nuestros padres estuvieran vivos hoy, lo que parecía cerrado antes hoy podría abrirse, exponerse, pensarse e integrarse más naturalmente a nuestras vidas.
Mencionamos un texto de Tomás Abraham en el que habla despectivamente de la segunda generación atribuyéndole un afán de título de nobleza que considera inapropiado. Resultó un texto provocador que nos hizo reflexionar acerca de nuestra condición, lugar y sentido. Para todos resulta claro el efecto bienhechor de cada encuentro por la posibilidad de seguir armando el rompecabezas que constituye nuestra condición. Surgió la propuesta de invitarlo a alguna reunión para el año próximo y pensar juntos y conocer más su posición dado el respeto intelectual que nos inspira.