Llamado (la crónica está después)

nuestra próxima reunión será el
lunes 27 de junio a las 20 hs.
Será en la sede de Sherit Hapleitá,
la institución más antigua que agrupa a sobrevivientes de la Shoá en Argentina
y que nos ofrece gentilmente su espacio para encontrarnos en esta oportunidad, en
Paso 422, 2º piso.
 
    Los acontecimientos últimos, en especial la derogación de la Circular 11 (ver www.ukinet.com) que tuvo efecto el pasado 8 de junio, son un tema fértil para pensar juntos sobre nuestra identidad judía, su relación con la shoá y cómo juega en el presente en nosotros. Hemos sido criados como argentinos y hemos vivido con mayor o menor exposición, nuestra identidad judía como un tema no siempre abierto al diálogo y a la reflexión. Nuestra sociedad, aunque no de manera explícita, nos indicaba que debíamos guardar una cierta cautela con la cuestión. Ser judío para muchos de nosotros, era un tema "privado", que se jugaba entre "nosotros" sea a nivel familiar o en instituciones judías para los que las frecuentaban. La palabra misma, judío, comenzó a ser usada con cierta frescura recién después del atentado a la AMIA. La misma AMIA (asociación mutual israelita argentina) no se llamaba judía sino israelita (como el hospital, los cementerios, etc) y recién ahora la incluye en su logo institucional.
 
     Uno de los temas que hemos ido rondando en nuestras reuniones es precisamente el de la identidad judía en todos estos años, y los diferentes modos en que en cada casa esto ha sido vivido. Como familias de sobrevivientes, uno de los peligros era el de haber circunscripto lo judío a la shoá. Hemos compartido en varias reuniones cierta sed que surje por vivir, aprender, conversar lo judío entre nosotros, expresado en las últimas reuniones en el interés por la vida del "antes", como eran las vidas de nuestros padres, antes de la hecatombe. Nuestra condición de hijos de sobrevivientes está entretejida con nuestra identidad judía y muchas veces las formas en las que hemos vivido uno de los aspectos -la shoá- ha tenido incidencia en la forma en que se ha vivido el otro -lo judío-. En la Shoá ha habido un desgarro violento en la continuidad de la vida judía y nosotros somos sus herederos directos. Ser judío en la Argentina estaba/está teñido con lo que se evidencia en el texto y contexto de la Circular 11.
 
    La derogación de la Circular 11, hecho trascendental que parece haber pasado con cierta indiferencia, expresa el reconocimiento simbólico del gobierno sobre la vergüenza que cae sobre todo el pueblo argentino entero al haber sido cómplice de la ideología nazi. Y ha sido un pedido de perdón  expresado sin eufemismos por el Canciller Rafael Bielsa en el acto de la firma. Pero, como decimos los judíos, no basta con el reconocimiento y el pedido de perdón, también hay que mostrarlo en obras, en conductas, la primera de las cuales ha sido la derogación mencionada. Podríamos ver, sugerir, reflexionar acerca de cuáles podrían ser otras.  
 
    Tenemos para compartir nuestras aventuras por la Dirección Nacional de Migraciones (la mía propia y la de nuestra compañera Inés) buscando nuestros registros y la conmoción que comporta su encuentro y la lucha por conseguir que la rectificación de los datos nos sea considerada un derecho, cuando los que figuran y no son verdaderos, tuvieron que ser así por imperio del antisemitismo reinante.
 
   Los esperamos el lunes 27. Serán bienvenidos, como siempre, sandwichitos, pletzalej, masitas... Un abrazo muy cariñoso, Diana

 

CRONICA
 
El 27 de junio los hijos de sobrevivientes nos encontramos en la sede de Sherit Hapleitá en un espacio cómodo y generoso. Teníamos como fondo una pintura alegórica del sentido de la institución madre de los sobrevivientes de la Shoá en la Argentina. Nuestra sorpresa fue que una de las personas que nos acompañaba, Roxana, es la hija del artista que pintó esa obra. Padres e hijos, sobrevivientes y segunda generación, allí, sosteniéndonos, aprendiendo, compartiendo, siguiendo adelante honrando el ejemplo de nuestros mayores.
El tema central giró alrededor de nuestras experiencias de ingreso a la Argentina para quienes nacimos en Europa y de la del ingreso de nuestros padres para quienes nacimos acá. Como prólogo de la visita de Uki Goñi para la semana siguiente, nos escuchamos en las historias de los avatares de nuestra entrada, de los trámites, las confusiones, las documentaciones, las angustias, incertidumbres y esa oscura sensación que todos guardamos de recelo frente a la autoridad, al pedido de documentos, a los trámites. Nuestra identidad judía que tuvo que ser disimulada, negada, fraguada para que nos dejaran entrar y sus consecuencias que en algunos siguen estando presentes fue una consecuencia temática. Compartimos las visitas a la Dirección Nacional de Migraciones que hicimos algunos de nosotros y el intenso impacto que tuvimos al ver nuestros nombres inscriptos en esos libros enormes y descuidados. Curiosamente lo que se nos vino a la cabeza fue "existo" como si el vernos escritos fuera la comprobación de nuestra existencia, como su eso hubiera estado puesto en duda. Una reacción absolutamente irracional pero común a quienes lo hemos vivenciado. Tal vez la comprobación de lo que parecía mítico, de lo que como hijos de sobrevivientes tomábamos como "lo que siempre se dijo" pero sin darle del todo el crédito de la verdad, tal vez consecuencia de temas identitarios que no resultan lineales para ninguno, lo cierto es que vernos inscriptos, a nosotros, hijos del pueblo del Libro, fue un impacto muy fuerte. A ello se suma el ver "católico" o "protestante" en la columna de Religión -que entonces era mandatoria- y las listas de "católicos" con apellidos evidentemente judíos...