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Miembros de la Federation of Jewish Child Survivors of the Holocaust |
Boletín número 18 - junio 2003
Transitamos el séptimo año de nuestro grupo. Un grupo que crece.
Un grupo que cambia.
Un grupo que persiste en recordar, en resignificar, en comprender, en transmitir.
w En abril hemos recibido el reconocimiento de nuestra labor en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
La crónica del mismo está más abajo.
w Reiniciamos nuestro espacio mensual habitual de reuniones. La primera fue el 19 de mayo y
la segunda el 23 de junio.
En este número:n Cambio de lugar n Licencia de Graciela Jinich n Hablar con los hijos n Actividades con nuestra película nde Ana Baron
n Nueva sección: películas recomendadas n Crónica del reconocimiento recibido en la Legislatura Porteña
AGENDAR PRÓXIMA REUNIÓN: lunes 21de Julio, 20 hs
Cambio de lugar
Nos estamos reuniendo en la Fundación Memoria del Holocausto-Museo de la Shoá, Montevideo 919. Todo un cambio en nuestro estilo. Como en toda decisión, en todo paso en la vida, algo se pierde y algo se gana. Hemos perdido el espacio privado, personal, de un living, de una casa particular para entrar en el espacio institucional. Con ello ganamos dos cosas. Por un lado el formar parte con nuestra presencia del objetivo institucional de sostener la memoria de la Shoá. La fundación nos permite, por otra parte, albergar a las personas nuevas que se acercan atraídas por la solidez del grupo, que suman una cantidad que ya no cabe en ningún living. A decir verdad, tampoco cabemos en la sala que tenemos en la Fundación a la espera de que se termine el arreglo de otros espacios más amplios que nos resulten más cómodos. Alguien comentó, con sorpresa, que nunca hubiera creído que el grupo seguiría existiendo por séptimo año consecutivo y menos aún que recibiera en cada reunión nuevos integrantes. Otra persona dijo con emoción: no alcanzan las sillas!
Licencia de Graciela Jinich
La coordinación del grupo, llevada adelante en los últimos años por la dupla de Graciela Jinich y Diana Wang, ha quedado circunstancialmente a cargo de esta última.
Un grupo humano con persistencia en el tiempo, igual que una familia, es un organismo vivo, creativo,
plástico que enfrenta desafíos, debe satisfacer a sus miembros y encarar cambios y nuevas propuestas
para seguir viviendo.
Sin Graciela no es el mismo grupo, sin su pasión, su agudeza y su capacidad de generación de actividades faltará uno de sus sostenes más sólidos. Confiemos en la fuerza interna del grupo, en los lazos tejidos entre nosotros y que en su transitoria ausencia sigamos sosteniendo este espacio que tanto trabajó para crear.
La apertura del espacio en la Fundación es obra suya y la acogida amable que allí tenemos también lo es. Entendemos que llevar adelante la Dirección Ejecutiva de la institución con la enorme responsabilidad que
ello comporta, toma todas sus energías y esfuerzos. No tenemos más que palabras de agradecimiento
hacia su insistencia, trabajo, dedicación y aliento en todos estos años. Sin ella, este grupo probablemente
no habría existido.
Compartimos la carta que nos hiciera llegar Graciela comunicándonos formalmente de su decisión y esperamos que la situación cambie el año próximo y volvamos a tenerla entre nosotros.
Queridos Niños de la Shoá, mis queridos amigos:
Les escribo a quienes vinieron a verme en 1997 con la propuesta de "armar un grupo" y hago extensivo este e-mail a los que son hoy, en el séptimo año de
funcionamiento del Grupo, sus integrantes.
Por distintos motivos personales les solicito licencia hasta fin de año.
No obstante estaremos en contacto para todo aquello en lo que ustedes consideren que me necesiten.
Y.... además, queda Diana en la coordinación!!!
Un beso enorme,
Graciela
El tema de las dos reuniones: Hablar con los hijos
En el medio de estos cambios –tanto el espacio de las reuniones como la coordinación- seguimos trabajando con la sed de encontrarnos cada uno en la historia del otro.
Nos ocupamos de un tema que nos es caro y necesario: el diálogo con nuestros hijos, la forma en que nuestra historia les llega así como la necesidad de ver que la reciben y la reconocen como parte de sus vidas. Esto es particularmente difícil dado que durante muchos años, el objetivo ha sido casi el contrario: liberarlos de este peso, no hacerlos herederos de esta tragedia. Hoy día, estos hijos ya están grandes. Muchos tienen sus propios hijos. Al mismo tiempo el mundo ha ido cambiando, así como la conciencia y significación alrededor de la Shoá. Lo que durante tantos años fue una conspiración concertada de silencio, un pacto sin palabras entre oídos que permanecían cerrados y bocas que se fueron cerrando, hoy se ha vuelto casi un reclamo social insólito. Hoy la historia de la Shoá es revisada, difundida, estudiada, desenterrada de tumbas que parecían definitivas. Con esta ola, nuestros hijos y nietos advierten que son portadores de una parte de la Historia Universal de la Humanidad, de una historia que aún tiene testigos presenciales y protagonistas que pueden hablar: sus padres, sus madres, sus abuelos. El silencio de otrora, ese silencio al que ya nos habíamos acostumbrado, silencio pesado pero también confortable, se está diluyendo. Junto con él, aparece una necesidad de contar, de compartir, de dejar testimonio, una necesidad que parecía haber desaparecido y retorna con fuerza y pasión. Como cierre del encuentro en el que hablamos de estas cosas, leímos una carta que escribiera Valeria, una de las hijas de Enrique. El relato –que está a continuación de esta introducción- es el viaje al “pasado” de Enrique, a los lugares en donde estuvo cuando niño, durante la ocupación en Francia, a los lugares que permitieron su supervivencia. Valeria, que emigró a Francia hace un año, quiso encontrar los lugares por sí misma, pero no pudo. Sólo cuando Enrique fue a visitarla, guiada por sus recuerdos y sus pasos, pudo caminar aquellos caminos y ver con sus propios ojos los escenarios de la salvación de su padre. Acá la carta que envió a su padre y hermanos con el conmovido relato:
Paris, 9 de junio de 2003
Qué raro !!!
Raro que escriba en castellano estando en París, raro que en junio hagan treinta y pico de grados, raro que cuente «in situ» lo que les voy a contar…Y ojo que digo «raro» pero sin ninguna connotación particular, al contrario, gratamente sorprendida de los cambios acontecidos en mi vida en los últimos tiempos, del cambio en si mismo.
Entonces, les cuento.
Les cuento como sigue la «saga» de mi familia, esa cuya primera parte, si puede llamársela así, escribí hace unos dos años, cuando volví a BA, después de mi viaje al centro de mi historia paterna.
Vino mi papa, después de 13 anos, a Paris.
Vino a cerrar el capitulo inconcluso desde hace 60.
Vino a terminarlo con sus hijos (Sergio se reunió con nosotros, llegando desde España, Ceci por razones obvias de orden familiar no pudo venir), necesidad que se le volvió imperiosa desde hace un tiempo por razones varias y ninguna al mismo tiempo. De las «razonables» la más evidente es nuestra partida de la Argentina hace un año; la ninguna, a mi parecer, es que en la vida las cosas aparecen cuando es el momento, cuando el tiempo de decantar, de madurar, está listo. Sí, hay muchas explicaciones para justificar que este y no otro haya sido el momento, pero no vienen al caso.
Vino a mostrarnos el lugar donde paso los dos años de la guerra, después de la deportación de mi abuela y durante la ocupación alemana, completamente aislado de su padre, sin ninguna noticia de su familia.
Y por suerte que vino! Si no, en algún momento hubiese ido yo sola, como el había insistido ya en esa primera oportunidad, idea que no me agradaba, sobre todo porque, como charlábamos ayer en el aeropuerto, no hubiese encontrado nada, sin referencia concreta alguna!
Y allí fuimos los tres.
Con muchas ansiedades todos, principalmente él, que no sabía como reaccionaría, llegamos en un autito alquilado a Chateaudun, donde pasamos la noche. A las 9 de la mañana ya estábamos desayunados y listos para «ver».
Entonces hicimos los 12 km que separan de Montigny-le-Ganelon. Montigny es un pueblito de unos 450 habitantes, de calles angostas y empedradas, en la ribera del río Loire. Un pueblito que tiene un castillo, claro. Y sin más brújula que sus recuerdos, llegamos a la calle donde se encuentra la casa cuyo propietario en esos años, Monsieur Baccari, albergó unos 9 niños de padres deportados. A esa hora de la mañana, y siendo domingo, imaginaran que no había mucha gente rondando. Pero sí había uno por ahí enfrente y Enrique le preguntó si conocía a la familia en cuestión, que había vivido hace tantos años en la casa de la que hablamos. El joven llamó a la madre, la madre al marido, que tiene la misma edad que mi papá, y este señor, que salió a la vereda en camiseta y tiradores, a pesar de por lo menos algún vaso de vino de desayuno encima, recordó nítidamente aquella época y la presencia de esos niños, de apellido francés tal y cual (nombres falsos, en realidad tenían nombres polacos), seguramente sin conciencia de las circunstancias en las que esos niños estaban «disimulados». Sin sospechar seguramente tampoco que M. Baccari arriesgó su pellejo y el de su flia al cobijarlos en su casa (M. Baccari era maestro de escuela y en verano acostumbraba organizar en su casa una colonia de vacaciones).
Fue un momento muy especial, para mí como un viaje a través del tiempo, escuchando a esos hombres hablar del pasado con la densidad del que lo ha vivido, e imaginando simultáneamente la escena, el dolor de la situación, pero al mismo tiempo la tranquilidad de esos niños de saberse al resguardo del peligro.
Después caminamos unos metros por la misma calle, hasta llegar a la vueltita nomás a toparnos con la entrada del castillo, y seguir caminando por la calle que lo bordea, una calle arbolada, de tierra por la que llegamos al bosque donde jugaban.
Bajamos al río, lo bordeamos, volvimos a subir, encontramos el lugar donde estaba la boca de agua potable adonde iban a surtirse para el abastecimiento de la casa.
Y volvimos a Chateaudun.
Chateaudun es una ciudad pequeña. Allí esta el liceo donde mi papá estaba pupilo junto con otros tres de los chicos, durante la semana, para volver los fines de semana a Montigny. Nos dio mucho trabajo encontrar la escuela: hoy ya no funciona como tal, y tardamos bastante en dar con una señora, que nunca salió de la ciudad, que nos dio el dato preciso: hasta le habíamos sacado la foto a otro edificio, guiados por las instrucciones de varios de los vecinos! Visitamos el castillo de Chateaudun (toda ciudad que se precie tiene uno), en la base de cuya torre hay una puerta por donde entraban a esconderse los chicos desde la escuela cuando había alarma de bombardeo.
Antes de las tres de la tarde habíamos terminado la búsqueda y el recorrido, bajo un sol espléndido y un calor abrasador.
Voilà, en síntesis, lo que nos ocupo sobre todo emocionalmente, el fin de semana anterior.
Mi papá dice que se sintió bien, posiblemente aliviado. Que temía no poder parar de llorar, en fin, que estaba totalmente a la expectativa de sus sentimientos. Y no, lo vivió bien, en paz.
Yo me emocioné, pero creo que todavía no tengo conciencia íntegra de la trascendencia que esto tiene para mí misma: yo que infatigablemente he vivido obsesionada por el pasado buscando respuestas a preguntas que ya ni recuerdo y que desde hace rato he comenzado a dejar de formularme.
Terminando el relato, me doy cuenta de otra rareza: ayer partieron los dos, Sergio y papi, y «casualmente» hoy me instalo a escribir todo esto: ya no están acá, pero como hoy es feriado, todavía no retomé el ritmo de trabajo, siento que yo también necesito redondear este capitulo. Aunque seguramente lo que pasó destape otras ollas, vuelvan otras preguntas, busque otras respuestas, pero ya se verá en su momento. Por ahora, me basta satisfacer la urgencia de ordenar estas vivencias de los últimos días.
Un abrazo,
Valeria
Actividades con nuestra película
Sigue su camino por distintos ámbitos:
El 25 de junio en la Villa 21, en el barrio de Barracas, para un grupo de jóvenes. En ese contexto tan inusual unas 30 personas vieron nuestra película y nos recibieron con interés, respeto y participación.
También hemos estado en el III Congreso Internacional de Trauma Psíquico y Estres Traumático organizado por la Sociedad Argentina de Psicotrauma. Fue el sábado 28 de junio en el Centro Cultural General San Martin. Nuestra película participó como una ponencia del congreso en relación al procesamiento de una situación traumática en la infancia en un contexto grupal. El impacto recibido por los asistentes, profesionales de la salud mental, fue igual al que estamos acostumbrados a recibir en todos los medios en donde nos hemos presentado.
El 19 de agosto será exhibida en la Facultad de Derecho de la UBA en el programa de Derechos Humanos.
También se mostrará en Washington, en el encuentro convocado por Hidden Children y organizaciones de Hijos de sobrevivientes con auspicios del Museo del Holocausto de Washington. El evento tendrá lugar en el Hotel Mayflower del 26 al 29 de agosto de 2003. Habrá oradores, paneles de discusiones, talleres de niños sobrevivientes, sus parejas, segunda y tercera generación, o sea, hijos y nietos. Para cualquier información, llamar al (212) 885-7900, enviar fax al (212) 885-5869 o e-mail a:
hidden-child@adl.org
De nuestra querida compañera Ana Baron
Ana hizo aliá el año pasado. No pudo compartir el acto en la Legislatura, pero formó parte de los miembros del grupo que fueron reconocidos en aquella oportunidad. Así, también se le otorgó un diploma en reconocimiento. Le hicimos llegar el mismo por correo y llamó a Frida emocionada y alborozada por ello. Dice que nos recuerda mucho, que está muy sola y que le gustaría saber de cada uno de nosotros. Por eso acá va su dirección y teléfono
Ana BarónHapartisanim 9/8Kiriat Bialik27087 IsraelTel. (00972) 04 874-7820Quien así lo desee, puede escribirle o llamarla.
Nueva sección: películas recomendadas
Recomendamos ver “Uno entre nosotros” film checo que muestra la cotidianeidad de la vida durante la Shoá de un matrimonio de salvadores y su “salvado” judío y “Ararat” que nos permite compartir el genocidio que antecedió a la shoá, el de los armenios y que permitió a Hitler decir "podemos hacer cualquier cosa con los judíos, nadie dijo nada de lo que hicieron con los armenios". Dos películas que están actualmente en cartel en los cines de Buenos Aires.
Para quien tiene acceso a HBO (busquen horarios en la programación),
-“Conspiración”, un film que muestra la reunión del 20 de enero de 1942 en Wansee, cuando se decidió la solución final para el problema judío. En una reconstrucción magistral, se ve la discusión entre la más alta jerarquía nazi para llegar al acuerdo político del exterminio de los judíos de Europa. Como tantos otros momentos trágicos de la historia de la humanidad –que aún continúan por cierto- se puede ver cómo se gesta la toma de tales decisiones, con qué personajes, cuáles problemáticas políticas y de influencias mutuas, cuántos intereses y qué lejos de todos ellos están los seres humanos que irían a ser víctimas de sus decisiones.
-“Promesas” un documental que encara el callejón sin salida de la problemática israelí-palestina en las voces de niños, niños que han sido entrevistados a lo largo de varios años y que expresan los puntos de vista extremos y aparentemente insalvables hasta que se encuentran y se conocen. Doloroso, inquietante, aleccionador, imperdible.
Crónica del reconocimiento recibido en
la Legislatura Porteña
El Salón Dorado del Palacio Legislativo de la Ciudad de Buenos Aires brillaba en ese atardecer tibio. Entrábamos con nuestros pasos tímidos animados por la emoción que promete la trascendencia. Como esa puerta que abrimos en Pésaj, para permitir la entrada del profeta Elías y para que quienes pasan por nuestra casa vean que alrededor de la mesa hay una familia reunida alabando a la libertad, esa noche, una nueva puerta se nos abrió y por ella entramos.
El martes 15 de abril pasado, nuestro grupo, Niños de la Shoá en Argentina, fue honrado con un acto de reconocimiento. La Legislatura de la Ciudad acordó por unanimidad en sesión del 13 de febrero de 2003, la realización de un acto de reconocimiento y homenaje a “quienes sobrevivieron al mayor genocidio del siglo XX, siendo en su mayoría niños.... Frente al genocidio, experiencias como la del grupo “Niños de la Shoá” resaltan todo el valor de la tolerancia y la importancia fundamental de la reflexión colectiva frente al horror, la tarea preventiva que de ésta surge y el rescate de la dignidad”. Como dijera el diputado Fernando Finvarb, que preside la comisión de Cultura de dicho cuerpo, “son contadas las ocasiones en que los veinte bloques políticos se ponen de acuerdo de manera unánime”. Ésta fue una de esas pocas veces.
La iniciativa se debió al diputado socialista Raúl Puy que resaltó a nuestro grupo por su labor en la difusión de valores éticos y en su lucha por los derechos humanos y en especial, por lo realizado en nuestro film testimonial, “Aquellos niños” dirigido por Bernardo Kononovich.
No nos podíamos creer a nosotros mismos sentados en ese ámbito esperando ser llamados, uno por uno, para recibir nuestro diploma y el saludo de los diputados. El hecho de estar en un salón presidido por el escudo nacional, en ese acto público y oficial, daba a nuestra labor que entra en su séptimo año, esa trascendencia con la que tanto habíamos soñado y que creíamos difícil de lograr.
La locutora puso en antecedentes a los presentes acerca de quiénes somos, cuáles fueron nuestras experiencias, qué hacemos y qué queremos conseguir. Habló de qué representa ser un “niño de la Shoá”, de nuestra tarea en escuelas e instituciones y de nuestro cálido grupo, esa otra familia que hemos constituido a lo largo de estos años.
Luego cedió la palabra a nuestra querida Irene Dab a quien acompañamos en cada quiebre de su voz conmovida porque cada uno de nosotros hablaba por su boca. Expuso nuestra experiencia, el significado de nuestro trabajo, recordó algunas circunstancias que nos identifican, nuestro ingreso al país, nuestra adaptación, el haber llegado al presente y nuestra lucha incesante.
Los diputados Finvarb y Puy hablaron de la significación de nuestro trabajo desde una perspectiva de comprensión cabal y sólida del fenómeno político, social y humano de la Shoá.
En la semana de Pesaj, en el marco de la conmemoración del 60 aniversario del Levantamiento del Gueto de Varsovia, ese mismo día, cincuenta años antes, la Casa Socialista había sido incendiada. Curiosa casualidad. En una ciudad que sangra aún por los ataques impunes de la Embajada de Israel en el 1992 y de la AMIA en 1994, la mención al hecho sucedido en 1953 subrayaba la pertinencia del acto de reconocimiento.
Los ojos húmedos, las piernas temblorosas pero la mirada y el paso firmes, así recibimos, cada uno de nosotros, ese reconocimiento. Ante amigos, parientes y personas queridas, nos hemos sentido valorados y altamente estimulados en lo que algunas veces nos desanima y agobia. Ante la incomprensión de algunos, los prejuicios aún existentes de otros, las incertidumbres y las injusticias, tenemos ahora este acto de reconocimiento que no sólo nos alienta, sino que nos recuerda que vale la pena, que nada de lo que hagamos es poco, que es nuestro deber insistir con la memoria y con este trabajo de hormiga, firme y persistente, en contra de la intolerancia, el fundamentalismo y la irracionalidad.
Hacemos nuestra, como judíos, la máxima de Pésaj: “Contarás a tus hijos”: Como sobrevivientes de la Shoá agregamos: “Contaremos al mundo”.
Graciela Jinich y Diana Wang
(coordinadoras de Niños de la Shoá en Argentina)
Recordamos que hay un grupo de hijos de sobrevivientes
que también tiene encuentros mensuales.
Por cualquier duda, comentario, pregunta o interés no dude en llamarnos acercarse a nosotros.
Teléfono: 4773-9968
E-mails: diana@dianawang.net o franlevar@yahoo.com.ar
Si desea leer los boletines anteriores, visite:y cliquee en "Niños de la Shoá en Argentina"
Transitamos el séptimo año de nuestro grupo. Un grupo que crece.
Un grupo que cambia.
Un grupo que persiste en recordar, en resignificar, en comprender, en transmitir.
w En abril hemos recibido el reconocimiento de nuestra labor en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
La crónica del mismo está más abajo.
w Reiniciamos nuestro espacio mensual habitual de reuniones. La primera fue el 19 de mayo y
la segunda el 23 de junio.
En este número:n Cambio de lugar n Licencia de Graciela Jinich n Hablar con los hijos n Actividades con nuestra película nde Ana Baron
n Nueva sección: películas recomendadas n Crónica del reconocimiento recibido en la Legislatura Porteña
AGENDAR PRÓXIMA REUNIÓN: lunes 21de Julio, 20 hs
Cambio de lugar
Nos estamos reuniendo en la Fundación Memoria del Holocausto-Museo de la Shoá, Montevideo 919. Todo un cambio en nuestro estilo. Como en toda decisión, en todo paso en la vida, algo se pierde y algo se gana. Hemos perdido el espacio privado, personal, de un living, de una casa particular para entrar en el espacio institucional. Con ello ganamos dos cosas. Por un lado el formar parte con nuestra presencia del objetivo institucional de sostener la memoria de la Shoá. La fundación nos permite, por otra parte, albergar a las personas nuevas que se acercan atraídas por la solidez del grupo, que suman una cantidad que ya no cabe en ningún living. A decir verdad, tampoco cabemos en la sala que tenemos en la Fundación a la espera de que se termine el arreglo de otros espacios más amplios que nos resulten más cómodos. Alguien comentó, con sorpresa, que nunca hubiera creído que el grupo seguiría existiendo por séptimo año consecutivo y menos aún que recibiera en cada reunión nuevos integrantes. Otra persona dijo con emoción: no alcanzan las sillas!
Licencia de Graciela Jinich
La coordinación del grupo, llevada adelante en los últimos años por la dupla de Graciela Jinich y Diana Wang, ha quedado circunstancialmente a cargo de esta última.
Un grupo humano con persistencia en el tiempo, igual que una familia, es un organismo vivo, creativo,
plástico que enfrenta desafíos, debe satisfacer a sus miembros y encarar cambios y nuevas propuestas
para seguir viviendo.
Sin Graciela no es el mismo grupo, sin su pasión, su agudeza y su capacidad de generación de actividades faltará uno de sus sostenes más sólidos. Confiemos en la fuerza interna del grupo, en los lazos tejidos entre nosotros y que en su transitoria ausencia sigamos sosteniendo este espacio que tanto trabajó para crear.
La apertura del espacio en la Fundación es obra suya y la acogida amable que allí tenemos también lo es. Entendemos que llevar adelante la Dirección Ejecutiva de la institución con la enorme responsabilidad que
ello comporta, toma todas sus energías y esfuerzos. No tenemos más que palabras de agradecimiento
hacia su insistencia, trabajo, dedicación y aliento en todos estos años. Sin ella, este grupo probablemente
no habría existido.
Compartimos la carta que nos hiciera llegar Graciela comunicándonos formalmente de su decisión y esperamos que la situación cambie el año próximo y volvamos a tenerla entre nosotros.
Queridos Niños de la Shoá, mis queridos amigos:
Les escribo a quienes vinieron a verme en 1997 con la propuesta de "armar un grupo" y hago extensivo este e-mail a los que son hoy, en el séptimo año de
funcionamiento del Grupo, sus integrantes.
Por distintos motivos personales les solicito licencia hasta fin de año.
No obstante estaremos en contacto para todo aquello en lo que ustedes consideren que me necesiten.
Y.... además, queda Diana en la coordinación!!!
Un beso enorme,
Graciela
El tema de las dos reuniones: Hablar con los hijos
En el medio de estos cambios –tanto el espacio de las reuniones como la coordinación- seguimos trabajando con la sed de encontrarnos cada uno en la historia del otro.
Nos ocupamos de un tema que nos es caro y necesario: el diálogo con nuestros hijos, la forma en que nuestra historia les llega así como la necesidad de ver que la reciben y la reconocen como parte de sus vidas. Esto es particularmente difícil dado que durante muchos años, el objetivo ha sido casi el contrario: liberarlos de este peso, no hacerlos herederos de esta tragedia. Hoy día, estos hijos ya están grandes. Muchos tienen sus propios hijos. Al mismo tiempo el mundo ha ido cambiando, así como la conciencia y significación alrededor de la Shoá. Lo que durante tantos años fue una conspiración concertada de silencio, un pacto sin palabras entre oídos que permanecían cerrados y bocas que se fueron cerrando, hoy se ha vuelto casi un reclamo social insólito. Hoy la historia de la Shoá es revisada, difundida, estudiada, desenterrada de tumbas que parecían definitivas. Con esta ola, nuestros hijos y nietos advierten que son portadores de una parte de la Historia Universal de la Humanidad, de una historia que aún tiene testigos presenciales y protagonistas que pueden hablar: sus padres, sus madres, sus abuelos. El silencio de otrora, ese silencio al que ya nos habíamos acostumbrado, silencio pesado pero también confortable, se está diluyendo. Junto con él, aparece una necesidad de contar, de compartir, de dejar testimonio, una necesidad que parecía haber desaparecido y retorna con fuerza y pasión. Como cierre del encuentro en el que hablamos de estas cosas, leímos una carta que escribiera Valeria, una de las hijas de Enrique. El relato –que está a continuación de esta introducción- es el viaje al “pasado” de Enrique, a los lugares en donde estuvo cuando niño, durante la ocupación en Francia, a los lugares que permitieron su supervivencia. Valeria, que emigró a Francia hace un año, quiso encontrar los lugares por sí misma, pero no pudo. Sólo cuando Enrique fue a visitarla, guiada por sus recuerdos y sus pasos, pudo caminar aquellos caminos y ver con sus propios ojos los escenarios de la salvación de su padre. Acá la carta que envió a su padre y hermanos con el conmovido relato:
Paris, 9 de junio de 2003
Qué raro !!!
Raro que escriba en castellano estando en París, raro que en junio hagan treinta y pico de grados, raro que cuente «in situ» lo que les voy a contar…Y ojo que digo «raro» pero sin ninguna connotación particular, al contrario, gratamente sorprendida de los cambios acontecidos en mi vida en los últimos tiempos, del cambio en si mismo.
Entonces, les cuento.
Les cuento como sigue la «saga» de mi familia, esa cuya primera parte, si puede llamársela así, escribí hace unos dos años, cuando volví a BA, después de mi viaje al centro de mi historia paterna.
Vino mi papa, después de 13 anos, a Paris.
Vino a cerrar el capitulo inconcluso desde hace 60.
Vino a terminarlo con sus hijos (Sergio se reunió con nosotros, llegando desde España, Ceci por razones obvias de orden familiar no pudo venir), necesidad que se le volvió imperiosa desde hace un tiempo por razones varias y ninguna al mismo tiempo. De las «razonables» la más evidente es nuestra partida de la Argentina hace un año; la ninguna, a mi parecer, es que en la vida las cosas aparecen cuando es el momento, cuando el tiempo de decantar, de madurar, está listo. Sí, hay muchas explicaciones para justificar que este y no otro haya sido el momento, pero no vienen al caso.
Vino a mostrarnos el lugar donde paso los dos años de la guerra, después de la deportación de mi abuela y durante la ocupación alemana, completamente aislado de su padre, sin ninguna noticia de su familia.
Y por suerte que vino! Si no, en algún momento hubiese ido yo sola, como el había insistido ya en esa primera oportunidad, idea que no me agradaba, sobre todo porque, como charlábamos ayer en el aeropuerto, no hubiese encontrado nada, sin referencia concreta alguna!
Y allí fuimos los tres.
Con muchas ansiedades todos, principalmente él, que no sabía como reaccionaría, llegamos en un autito alquilado a Chateaudun, donde pasamos la noche. A las 9 de la mañana ya estábamos desayunados y listos para «ver».
Entonces hicimos los 12 km que separan de Montigny-le-Ganelon. Montigny es un pueblito de unos 450 habitantes, de calles angostas y empedradas, en la ribera del río Loire. Un pueblito que tiene un castillo, claro. Y sin más brújula que sus recuerdos, llegamos a la calle donde se encuentra la casa cuyo propietario en esos años, Monsieur Baccari, albergó unos 9 niños de padres deportados. A esa hora de la mañana, y siendo domingo, imaginaran que no había mucha gente rondando. Pero sí había uno por ahí enfrente y Enrique le preguntó si conocía a la familia en cuestión, que había vivido hace tantos años en la casa de la que hablamos. El joven llamó a la madre, la madre al marido, que tiene la misma edad que mi papá, y este señor, que salió a la vereda en camiseta y tiradores, a pesar de por lo menos algún vaso de vino de desayuno encima, recordó nítidamente aquella época y la presencia de esos niños, de apellido francés tal y cual (nombres falsos, en realidad tenían nombres polacos), seguramente sin conciencia de las circunstancias en las que esos niños estaban «disimulados». Sin sospechar seguramente tampoco que M. Baccari arriesgó su pellejo y el de su flia al cobijarlos en su casa (M. Baccari era maestro de escuela y en verano acostumbraba organizar en su casa una colonia de vacaciones).
Fue un momento muy especial, para mí como un viaje a través del tiempo, escuchando a esos hombres hablar del pasado con la densidad del que lo ha vivido, e imaginando simultáneamente la escena, el dolor de la situación, pero al mismo tiempo la tranquilidad de esos niños de saberse al resguardo del peligro.
Después caminamos unos metros por la misma calle, hasta llegar a la vueltita nomás a toparnos con la entrada del castillo, y seguir caminando por la calle que lo bordea, una calle arbolada, de tierra por la que llegamos al bosque donde jugaban.
Bajamos al río, lo bordeamos, volvimos a subir, encontramos el lugar donde estaba la boca de agua potable adonde iban a surtirse para el abastecimiento de la casa.
Y volvimos a Chateaudun.
Chateaudun es una ciudad pequeña. Allí esta el liceo donde mi papá estaba pupilo junto con otros tres de los chicos, durante la semana, para volver los fines de semana a Montigny. Nos dio mucho trabajo encontrar la escuela: hoy ya no funciona como tal, y tardamos bastante en dar con una señora, que nunca salió de la ciudad, que nos dio el dato preciso: hasta le habíamos sacado la foto a otro edificio, guiados por las instrucciones de varios de los vecinos! Visitamos el castillo de Chateaudun (toda ciudad que se precie tiene uno), en la base de cuya torre hay una puerta por donde entraban a esconderse los chicos desde la escuela cuando había alarma de bombardeo.
Antes de las tres de la tarde habíamos terminado la búsqueda y el recorrido, bajo un sol espléndido y un calor abrasador.
Voilà, en síntesis, lo que nos ocupo sobre todo emocionalmente, el fin de semana anterior.
Mi papá dice que se sintió bien, posiblemente aliviado. Que temía no poder parar de llorar, en fin, que estaba totalmente a la expectativa de sus sentimientos. Y no, lo vivió bien, en paz.
Yo me emocioné, pero creo que todavía no tengo conciencia íntegra de la trascendencia que esto tiene para mí misma: yo que infatigablemente he vivido obsesionada por el pasado buscando respuestas a preguntas que ya ni recuerdo y que desde hace rato he comenzado a dejar de formularme.
Terminando el relato, me doy cuenta de otra rareza: ayer partieron los dos, Sergio y papi, y «casualmente» hoy me instalo a escribir todo esto: ya no están acá, pero como hoy es feriado, todavía no retomé el ritmo de trabajo, siento que yo también necesito redondear este capitulo. Aunque seguramente lo que pasó destape otras ollas, vuelvan otras preguntas, busque otras respuestas, pero ya se verá en su momento. Por ahora, me basta satisfacer la urgencia de ordenar estas vivencias de los últimos días.
Un abrazo,
Valeria
Actividades con nuestra película
Sigue su camino por distintos ámbitos:
El 25 de junio en la Villa 21, en el barrio de Barracas, para un grupo de jóvenes. En ese contexto tan inusual unas 30 personas vieron nuestra película y nos recibieron con interés, respeto y participación.
También hemos estado en el III Congreso Internacional de Trauma Psíquico y Estres Traumático organizado por la Sociedad Argentina de Psicotrauma. Fue el sábado 28 de junio en el Centro Cultural General San Martin. Nuestra película participó como una ponencia del congreso en relación al procesamiento de una situación traumática en la infancia en un contexto grupal. El impacto recibido por los asistentes, profesionales de la salud mental, fue igual al que estamos acostumbrados a recibir en todos los medios en donde nos hemos presentado.
El 19 de agosto será exhibida en la Facultad de Derecho de la UBA en el programa de Derechos Humanos.
También se mostrará en Washington, en el encuentro convocado por Hidden Children y organizaciones de Hijos de sobrevivientes con auspicios del Museo del Holocausto de Washington. El evento tendrá lugar en el Hotel Mayflower del 26 al 29 de agosto de 2003. Habrá oradores, paneles de discusiones, talleres de niños sobrevivientes, sus parejas, segunda y tercera generación, o sea, hijos y nietos. Para cualquier información, llamar al (212) 885-7900, enviar fax al (212) 885-5869 o e-mail a:
hidden-child@adl.org
De nuestra querida compañera Ana Baron
Ana hizo aliá el año pasado. No pudo compartir el acto en la Legislatura, pero formó parte de los miembros del grupo que fueron reconocidos en aquella oportunidad. Así, también se le otorgó un diploma en reconocimiento. Le hicimos llegar el mismo por correo y llamó a Frida emocionada y alborozada por ello. Dice que nos recuerda mucho, que está muy sola y que le gustaría saber de cada uno de nosotros. Por eso acá va su dirección y teléfono
Ana BarónHapartisanim 9/8Kiriat Bialik27087 IsraelTel. (00972) 04 874-7820Quien así lo desee, puede escribirle o llamarla.
Nueva sección: películas recomendadas
Recomendamos ver “Uno entre nosotros” film checo que muestra la cotidianeidad de la vida durante la Shoá de un matrimonio de salvadores y su “salvado” judío y “Ararat” que nos permite compartir el genocidio que antecedió a la shoá, el de los armenios y que permitió a Hitler decir "podemos hacer cualquier cosa con los judíos, nadie dijo nada de lo que hicieron con los armenios". Dos películas que están actualmente en cartel en los cines de Buenos Aires.
Para quien tiene acceso a HBO (busquen horarios en la programación),
-“Conspiración”, un film que muestra la reunión del 20 de enero de 1942 en Wansee, cuando se decidió la solución final para el problema judío. En una reconstrucción magistral, se ve la discusión entre la más alta jerarquía nazi para llegar al acuerdo político del exterminio de los judíos de Europa. Como tantos otros momentos trágicos de la historia de la humanidad –que aún continúan por cierto- se puede ver cómo se gesta la toma de tales decisiones, con qué personajes, cuáles problemáticas políticas y de influencias mutuas, cuántos intereses y qué lejos de todos ellos están los seres humanos que irían a ser víctimas de sus decisiones.
-“Promesas” un documental que encara el callejón sin salida de la problemática israelí-palestina en las voces de niños, niños que han sido entrevistados a lo largo de varios años y que expresan los puntos de vista extremos y aparentemente insalvables hasta que se encuentran y se conocen. Doloroso, inquietante, aleccionador, imperdible.
Crónica del reconocimiento recibido en
la Legislatura Porteña
El Salón Dorado del Palacio Legislativo de la Ciudad de Buenos Aires brillaba en ese atardecer tibio. Entrábamos con nuestros pasos tímidos animados por la emoción que promete la trascendencia. Como esa puerta que abrimos en Pésaj, para permitir la entrada del profeta Elías y para que quienes pasan por nuestra casa vean que alrededor de la mesa hay una familia reunida alabando a la libertad, esa noche, una nueva puerta se nos abrió y por ella entramos.
El martes 15 de abril pasado, nuestro grupo, Niños de la Shoá en Argentina, fue honrado con un acto de reconocimiento. La Legislatura de la Ciudad acordó por unanimidad en sesión del 13 de febrero de 2003, la realización de un acto de reconocimiento y homenaje a “quienes sobrevivieron al mayor genocidio del siglo XX, siendo en su mayoría niños.... Frente al genocidio, experiencias como la del grupo “Niños de la Shoá” resaltan todo el valor de la tolerancia y la importancia fundamental de la reflexión colectiva frente al horror, la tarea preventiva que de ésta surge y el rescate de la dignidad”. Como dijera el diputado Fernando Finvarb, que preside la comisión de Cultura de dicho cuerpo, “son contadas las ocasiones en que los veinte bloques políticos se ponen de acuerdo de manera unánime”. Ésta fue una de esas pocas veces.
La iniciativa se debió al diputado socialista Raúl Puy que resaltó a nuestro grupo por su labor en la difusión de valores éticos y en su lucha por los derechos humanos y en especial, por lo realizado en nuestro film testimonial, “Aquellos niños” dirigido por Bernardo Kononovich.
No nos podíamos creer a nosotros mismos sentados en ese ámbito esperando ser llamados, uno por uno, para recibir nuestro diploma y el saludo de los diputados. El hecho de estar en un salón presidido por el escudo nacional, en ese acto público y oficial, daba a nuestra labor que entra en su séptimo año, esa trascendencia con la que tanto habíamos soñado y que creíamos difícil de lograr.
La locutora puso en antecedentes a los presentes acerca de quiénes somos, cuáles fueron nuestras experiencias, qué hacemos y qué queremos conseguir. Habló de qué representa ser un “niño de la Shoá”, de nuestra tarea en escuelas e instituciones y de nuestro cálido grupo, esa otra familia que hemos constituido a lo largo de estos años.
Luego cedió la palabra a nuestra querida Irene Dab a quien acompañamos en cada quiebre de su voz conmovida porque cada uno de nosotros hablaba por su boca. Expuso nuestra experiencia, el significado de nuestro trabajo, recordó algunas circunstancias que nos identifican, nuestro ingreso al país, nuestra adaptación, el haber llegado al presente y nuestra lucha incesante.
Los diputados Finvarb y Puy hablaron de la significación de nuestro trabajo desde una perspectiva de comprensión cabal y sólida del fenómeno político, social y humano de la Shoá.
En la semana de Pesaj, en el marco de la conmemoración del 60 aniversario del Levantamiento del Gueto de Varsovia, ese mismo día, cincuenta años antes, la Casa Socialista había sido incendiada. Curiosa casualidad. En una ciudad que sangra aún por los ataques impunes de la Embajada de Israel en el 1992 y de la AMIA en 1994, la mención al hecho sucedido en 1953 subrayaba la pertinencia del acto de reconocimiento.
Los ojos húmedos, las piernas temblorosas pero la mirada y el paso firmes, así recibimos, cada uno de nosotros, ese reconocimiento. Ante amigos, parientes y personas queridas, nos hemos sentido valorados y altamente estimulados en lo que algunas veces nos desanima y agobia. Ante la incomprensión de algunos, los prejuicios aún existentes de otros, las incertidumbres y las injusticias, tenemos ahora este acto de reconocimiento que no sólo nos alienta, sino que nos recuerda que vale la pena, que nada de lo que hagamos es poco, que es nuestro deber insistir con la memoria y con este trabajo de hormiga, firme y persistente, en contra de la intolerancia, el fundamentalismo y la irracionalidad.
Hacemos nuestra, como judíos, la máxima de Pésaj: “Contarás a tus hijos”: Como sobrevivientes de la Shoá agregamos: “Contaremos al mundo”.
Graciela Jinich y Diana Wang
(coordinadoras de Niños de la Shoá en Argentina)
Recordamos que hay un grupo de hijos de sobrevivientes
que también tiene encuentros mensuales.
Por cualquier duda, comentario, pregunta o interés no dude en llamarnos acercarse a nosotros.
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