Niños de la Shoá en Argentina

                 Miembros de la Federation of Jewish Child Survivors of the Holocaust

 

Boletín número 17 - marzo 2003

 


 
A 60 años del levantamiento del Gueto de Varsovia
 

 
En este número: 
nActo de reconocimiento de la Legislatura de la Ciudad
n"El Pianista" de Roman Polanski y "Algunos que vivieron" de Luis Puenzo.
nDia de la shoá, dia de duelo
nEncuentro internacional en Washington
nClaims conference, datos de interés
nPara descendientes de sobrevivientes belgas
n Poema de Szymborska
 
 
"Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana.
Y no estoy tan seguro de la primera."
 
Albert Einstein
 
 

 
n Próxima reunión en el Salón Babushka: 21 de abril, celebraremos juntos nuestro tercer seder de Pesaj
 

 
Queridos amigos,
en la festividad de Pesaj honramos nuestra lucha por la libertad y nuestra oposición a toda forma de esclavitud o sometimiento de cualquier grupo humano; en Iom Hashoá recordamos el dolor de lo perdido y honramos el valor de quienes se han levantado cobrando caras sus muertes, pero nuevos vientos y arenas ensombrecen nuestras esperanzas de que la racionalidad alguna vez sea quien dicte los caminos del hombre. Sea el terrorismo, sea la muerte de civiles inermes, sea como sea, la resolución de los conflictos que la convivencia familiar, social y planetaria genera no puede ser por la violencia. Las religiones de la Tierra no han conseguido ponerse de acuerdo en algunos puntos, por ejemplo el concepto de Dios que es central para los monoteísmos de Occidente y es desconocido para los Budistas de Oriente, pero todas, absolutamente todas enuncian el "no matarás" de nuestros mandamientos, como esencial, forzoso y sin discusión. Ese "no matarás" está siendo violado por las acciones terroristas de los fundamentalismos que nos asolan y por algunos de sus solucionadores omnipotentes que arriesgan con echar combustible sobre las llamas. No podemos ser cómplices de los terroristas. No podemos ser cómplices de los atacantes de poblaciones civiles inocentes. No nosotros, testigos del horror, guardianes de la memoria. No podemos.
 

 
"Fin y principio"
Poema de Wistawa Szymborska

 


Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
 
No se van a ordenar solas las cosas.
 
Digo yo.

Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un cristal en la ventana
y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco,
y requiere años.
 
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.

A recontruir puentes
y estaciones de nuevo.
 
Las mangas quedarán echas jirones
de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
 
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
 
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre
y los lleve al montón de la basura.

Aquéllos que sabían
de qué iba la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
 
Y menos que poco.
 
Incluso prácticamente nada.

En la hierba, que cubra
causas y consecuencias,
seguro que habrá alguien tumbado
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.

 
n Reconocimiento de nuestra tarea

Nuestro grupo y nuestra tarea está orientada a la siembra de mensajes éticos y de responsabilidad. Por ello, vamos gustosos a contar nuestra historia adonde nos llamen. Hemos presentado nuestra película y testimonio en escuelas públicas y privadas, en instituciones, templos e iglesias de diferentes credos y grupos. Hemos sido reconocidos en diferentes ámbitos pero es la primera vez que lo seremos desde un espacio gubernamental, oficial.
El 15 de abril tendrá lugar en la Legislatura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un homenaje de reconocimiento por nuestra tarea. La idea surge y es alentada y sostenida por el diputado socialista Raúl Puy y ha sido aprobada por unanimidad en el cuerpo entero de la Legislatura. Luego de la exhibición de nuestro film, cada miembro del grupo recibirá un diploma con el siguiente texto:
La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tiene el honor de rendir homenaje a ......., sobreviviente de la Shoá, miembro de "Niños de la Shoá en Argentina" y da fe en este documento del valor de su testimonio y trabajo en la enseñanza y transmisión de su dolorosa experiencia vivida en la infancia. Por su tarea sembrada hoy, hito en la Argentina ética y humanista que estamos construyendo, nuestro reconocimiento y agradecimiento.
Recibirán también un reconocimiento similar Bernardo Kononovich, Graciela Jinich y Diana Wang.

 


n Dos películas sobre la Shoá

El Pianista
   
    Celebramos los premios de la Academia de Hollywood sobre esta magnífica película y compartimos el comentario de Diana Wang:
    Yo, que soy una llorona, no lloré. Como el protagonista de “La naranja mecánica” en su proceso de rehabilitación cuando lo obligaban a mirar cuché llorar a mi alrededor en el cine. Es que “El Pianista” no es una de llorar. “El Pianista” es una de pensar, de sentir, de dejarse penetrar por esa historia, nuestra historia. Polanski toma el relato de Szpilman y lo mezcla con sus propios ecos y le habla a los míos. No nos quiere contar la shoá, no se propone como historiador ni transmisor de mensajes. Tampoco hace un documental supuestamente objetivo, aunque hay un ahorro de comentarios y golpes bajos que uno agradece a cada paso. Nos cuenta la historia de la supervivencia de un judío durante la shoá, uno solo, con su pequeño universo de complejidades, sus cobardías y sus grandezas. Nos dice: “miren lo que nos fue pasando, miren quiénes éramos y cómo nos fueron haciendo deslizar en lo que nos era imposible anticipar” y nos muestra los seis años de reinado del Mal.

    Cuenta la historia de Wladek Szpilman un judío que se salvó. Como mis padres. Su historia, como todas las historias de sobrevivientes, se parece y no se parece, es siempre la misma y siempre es algo diferente. Vemos su camino particular y concreto que nos permite acompañarlo paso a paso, ser testigos del progreso en el plan de destrucción de la vida judía y observar, mudos y agradecidos, al azar que le permitió seguir viviendo contra toda expectativa.

    La historia de la supervivencia de Wladek Szpilman transcurre desde septiembre de 1939, en la Varsovia floreciente, hasta 1945, entre lo que quedó, las ruinas y su desgarradora soledad. La vida de los judíos en la Varsovia de fines del treinta, cosmopolita, urbana, sofisticada, nos es devuelta en imágenes y sonidos. La cotidianeidad, la ropa, los muebles, los adornos, los carteles, los pequeños detalles son lenguajes sensibles que evocan sabores, olores, aquello más primario del recuerdo. Vemos los nombres de las tiendas, los carteles, los afiches, los anuncios, en polaco y algunos también en idish con tal sensación de realidad que uno espera oír polaco, oír idish. Y muestra cómo esa vida va siendo atacada y se desliza en una caída fatal hacia la abyección y la muerte. El traslado forzado hacia el gueto, las restricciones progresivas, las humillaciones, las deportaciones, el “paso” al lado ario, los caminos tortuosos de la supervivencia y, para algunos pocos, la salvación.

    Una vida puede ser relatada en pequeños detalles, detalles que nos permiten atisbar algo de ese mundo del gueto, de la persecución, de la impotencia, del miedo que nos es tan desconocido, del que la mayoría sólo tenemos un registro intelectual. ¿Cómo comprender desde nuestra “seguridad” cotidiana la progresión del hambre, del frío, el desamparo, la sed, de las pérdidas de personas, objetos, refugios, “seguridades”, “certezas”? En “El Pianista” están esos detalles que atraviesan las palabras y le hablan directamente a nuestra piel.

    Temas caros a los sobrevivientes como las vergüenzas y los actos de arrojo –tanto de judíos, polacos, nazis-, las inconciencias y el puro azar, el horrible, maravilloso, injusto y arbitrario puro azar. Sin baraturas ni simplificaciones, no se nos ahorran las miserias ni las grandezas humanas. Se ve el sufrimiento judío pero también se ve su aprovechamiento por otros judíos. Se ve el judío que actúa como corrupto y en otro momento como salvador. Se ve la complicidad de la población polaca pero también se ve la ayuda que algunos proporcionaron. Se ve la crueldad de los nazis pero también la conducta de alguno que lo contradice. Polanski se atreve con la vida y con las cosas como de verdad son: grises mayores, grises menores, grises grises.

    Los sobrevivientes se preguntan si “El Pianista” servirá para algo, si conseguirá acercar la experiencia a los afortunados que la desconocen. Difícil responderlo. Tal vez para muchos, incluso para muchos judíos, esta película será la primera aproximación a una de las irreparables pérdidas de la shoá: la vida judía polaca en su riqueza y complejidad. Lejos del habitante del shtetl, (esa imagen algo romántica del judío ingenuo, bonachón, crédulo y religioso de comienzos de siglo), en los varsovianos judíos de los años treinta vemos a los citadinos, a los profesionales, a los estudiantes, a las amas de casa, a los comerciantes, a los militantes, a los subversivos, y también a los criminales, los mafiosos, los aprovechadores. Los judíos, igual que cualquier otro grupo humano, se ven como fueron, en su diversidad real, dolorosa, compleja.

    Se puede tener una idea de las dimensiones y alcances del monumental, abigarrado y superpoblado gueto de Varsovia, de las diversidades que anudaba, los interiores de las casas, las actividades, las ambigüedades y contradicciones, la confrontación de la opulencia de algunos frente a la total desesperación de otros... una pintura sin pretensiones de moralejas ni estridencias. El famoso muro, frontera de la vida y la muerte, escenario del heroico accionar de los pequeños contrabandistas que se jugaban la vida cotidianamente entrando comida primero y armas después, es un protagonista mudo y elocuente. Se ve también el puente que unía el gueto grande con el gueto chico y no puedo resistirme contar una anécdota que refleja el modo en que uno se va integrando a lo que le toca vivir, aún a lo más terrible: una sobreviviente que tenía diez años cuando se cerró el gueto, me contó que cuando cruzaba ese puente con sus amiguitas, jugaban a correr y no ser alcanzadas por las balas que disparaba algún nazi “divertido” desde abajo y cuando llegaban al otro lado lanzaban un triunfal “no me dio!”. 

     La película no es de llorar. No vi gente llorando en el cine. No tiene golpes bajos, es despojada, cruda, sin comentarios ni explicaciones. El protagonista parece transitar por su historia con cierto desapego, como si no creyera que eso le está pasando realmente. Muchos sobrevivientes cuentan la historia de la misma manera, sin dramatismos ni sobreactuaciones, ni iluminados protagonismos, como pidiendo perdón por el atrevimiento de contar.

    Se les pregunta a los sobrevivientes cómo es posible que hayan continuado sus vidas casi normalmente, cómo es posible que la shoá no los haya convertido en monstruos o en psicóticos irrecuperables. Wladek solo, escondido, desgarrado, digita en el aire escalas mudas, practica pianos ausentes, mantiene su cordura, arroja anclas que lo conservan humano, con obstinación, con sencillez. Lo hace sin heroísmos, sólo acunado por la fuerza de la vida. Y no se vuelve loco, no se vuelve un monstruo.

Suelo describir al período vivido por los sobrevivientes en la shoá como “el bache”. “El bache” es ese accidente que sobrevino de pronto, sin esperarlo, sin estar preparados, que los arrancó de sus vidas normales hacia esa otra legalidad desconocida y arbitraria, un pozo negro en el que fueron cayendo sin saber cuándo terminaría la caída o si alguna vez tendría fin. Al cabo de un tiempo infinito, un día tan misterioso y sorpresivo como el primero, salieron de “el bache” y fueron relanzados a la normalidad que ya creían haber perdido para siempre. Lo que habían sido y vivido en “El bache” quedaría sin procesar, sin poder ser integrado entre los normales pues debían reintegrarse a la vida, olvidar. Wladek toca un concierto en la radio antes de entrar en “el bache” y lo vemos en el mismo lugar una vez afuera. “El bache” quedó en su corazón, encapsulado, guardado, esperando que el milagro de la música, de nuestra oreja, de nuestra compasión, preste algún sentido a lo que parece haberse perdido para siempre.

Un comentario final sobre la vida, su fuerza e irracionalidad sublime. Me refiero a la escena en la que nuestro protagonista toca el piano ante el oficial nazi: él no sabe, como no solían saberlo los judíos, qué haría el oficial con él, tal vez matarlo, tal vez burlarse. “Toque el piano” le había ordenado A uno se le detiene el aliento: ¿cómo hará para tocar? ¿cómo conseguirá volver del infierno y saltar en una vuelta carnero imposible de vuelta a la “civilización”? ¿recordará las armonías, volverán los acordes? ¿le responderán los dedos? ¿el hambre, el frío, el deterioro, la falta de práctica no le impedirán hacer lo que tiene que hacer? Las manos bajan lentamente sobre el teclado, dudando de sí mismas, se apoyan en algunas notas tímidas y pudorosas, y se dejan llevar por la  misma música que sucede casi por propia voluntad en la voluntad de imponerse por sobre el horror, y se despliega y asciende y nos dice que sí, que milagrosamente la vida continúa, que la pérdida de lo humano es transitoria, que será olvidada y superada. La  vida seguirá viviendo con la inconciencia de lo primitivo, de lo que no tiene razón.


Algunos que vivieron

El 20 de marzo, se proyectó en el Centro Cultural General San Martín, este film testimonial de Luis Puenzo. Forma parte del proyecto "Broken Silence" (Silencio roto) de la Shoah Foundation, organización fundada por Steven Spielberg que cumplimentó la tarea de registrar los testimonios vivos de los sobrevivientes de la Shoá. Con casi 60.000 testimonios, sigue su trabajo gestando diferentes proyectos educativos. Éste encaró la realización de 5 films, uno por cada país designado (Hungría, Polonia, Rusia, Rep. Checa y Argentina) con testimonios de sobrevivientes locales, en el idioma de cada país. "Algunos que vivieron" sigue la línea elegida por Puenzo, y cuenta de manera cronológica la historia que va de 1939 a la inmigración a Argentina. Con escenas de fuerte impacto emocional, incluye referencias a la germanización del ejército argentino, al ingreso de perpetradores nazis y a la dictadura militar, temas que nos han dado dolorosa "fama" mundial.
 


n Día de la Shoá: Día de duelo
 
Jack Fuchs y Diana Wang, temiendo que el sentido esencial de la conmemoración se altere, proponen a escuelas y distintas instituciones judías la siguiente reflexión:
Se conmemora una vez más el día de Recuerdo de la Shoá. En esta oportunidad (19 de abril según el calendario gregoriano o 29 de abril según el calendario judío) nos acercamos para compartir algunas reflexiones. Sobre la tragedia de la Shoá, tememos una nueva tragedia: la alteración de su esencia y después su olvido. Se recuerda este día la muerte de un tercio de la población judía mundial. El acto correspondiente debiera ser un acto de duelo colectivo que incluya el lamento, el conocimiento y también la reflexión. Somos sensibles a todas las injusticias del mundo, pero sólo tenemos este día para llorar por ese mundo que se ha perdido. El levantamiento del gueto de Varsovia hace sesenta años es un símbolo que debe permitir ver también cómo era Varsovia –y las otras cinco mil comunidades- antes de la guerra y cómo era el gueto mismo, tanto la vida como la muerte de la comunidad judía más importante de Europa. Vivieron y murieron allí 500.000 personas en condiciones que urgen ser transmitidas para comprender no sólo el horror sino la lucha cotidiana y las múltiples resistencias que implicaba. El gueto fue una etapa de la Shoá, pero no fue toda la Shoá: la secuencia que va desde la rica vida judía en Europa hasta su destrucción, es lo que debe ser recordado recuperando el espacio de duelo.

Sugerimos un día de duelo, significativo y pleno de sentido, dentro de cada institución y con sus miembros naturales, usando el estilo y las herramientas que les resulten legítimas

El último deseo expresado por los judíos asesinados fue: “Cuenten lo que nos pasó!”. Tenemos la convicción de que la memoria de la Shoá es un deber moral, un nuevo imperativo categórico del que somos portadores los judíos.

 


n Evento Internacional en Washington
 
Hemos recibido la invitación a participar en la Child Survivors conference que tendrá lugar en Washington. Organizada por la Hidden Children Foundation y la World Federation of Jewish Child Survivors. El evento tendrá lugar en el Hotel Mayflower del 26 al 29 de agosto de 2003. Habrá oradores, paneles de discusiones, talleres de niños sobrevivientes, sus parejas, segunda y tercera generación, o sea, hijos y nietos. Para cualquier información, llamar al (212) 885-7900, enviar fax al (212) 885-5869 o e-mail a:
hidden-child@adl.org
 

 
n Museo del Holocausto de Washington

El US Holocaust Memorial Museum ha inaugurado el boletín de la Oficina de Asuntos de sobrevivientes.  Martin Goldman, su director y Betsy Anthony, su asistente, están a disposición para ayudar a las familias de sobrevivientes en distintas cuestiones relativas a congresos, encuentros, eventos y coordinan el Proyecto de la Memoria (The Memory Project), un taller de escritura para sobrevivientes (es una buena idea para implementar en nuestro medio). Para quien desee recibir el boletín por e-mail, solicítelo a:  survivoraffairs@ushmm.org
 


n Temas de la Claims Conference
 

La Claims Conference junto con la Tzedaka Foundation, ofrecen asistencia económica y de otros órdenes, a los sobrevivientes que no pueden responder a sus necesidades vitales. El programa provee cuidados de salud, alimentos, ropas, el pago de necesidades básicas, asistencia legal, respuesta a emergencias sociales y otros. Difunda esta tarea entre quienes considere que lo necesitan. 
 

 
n Para descendientes de sobrevivientes de Bélgica:
 
Hemos recibido la información de que los descendientes de judíos que hubieran vivido en Bélgica durante la segunda guerra, podrían tener derecho a restituciones sobre propiedades o cuentas bancarias de sus familiares confiscadas por los ocupantes alemanes. Los interesados pueden ponerse en contacto con Marc De Trazegnies, Services of the Prime Minister, Wetstraat 16, Rue de la Loi, 1000 Brussels, Belgium. Tel.: 32-2-2123.44.60, fax: 32-2-513.08.73,
e-mail: marc.detrazegnies@premier.fed.be
http://premier.fgov.be ó http://combuysse.fgov.be
 

 
Recordamos que hay un grupo de hijos de sobrevivientes
que también tiene encuentros mensuales.
 
 
 


 

 
Por cualquier duda, comentario, pregunta o interés no dude en llamarnos 
 y acercarse a nosotros.
 

Teléfono: 4773-9968
E-mail: diana@dianawang.net o franlevar@yahoo.com.ar