Despacito… ¿con tu pareja?

Despacito… ¿con tu pareja?

Diana WangLA NACION
Foto: Pixabay

¿Eso te dijo? ¿Que te quiere respirar el cuello despacito y decirte cosas al oído? ¡Ah! ¿y te lo dijo cantando? ¡Uau! ¡qué romántico! ¿El “mudo”? ¿y después de 23 años? Aunque… pará un poco, no te hagas ilusiones, capaz que te estaba cargando, con tus reclamos de siempre de que hacía las cosas rapidito, que ya no te sentías única, ni elegida ni adorada, que ya no te busca ni te seduce porque, total, estás ahí.

Aunque… ¿sabés que no sé?, por ahí él también extraña los mágicos momentos del enamoramiento cuando todo brillaba y estaba más vivo. Y, como vos, se pregunta qué pasó con el encantamiento, ¿cuándo se atenuaron las luces y todo se volvió un poco gris? No lo muestra y frente a tus reclamos hace como que no oye o pone cara de “¡Uf! ¿a estas alturas romanticismo? estoy cansado, dejame en paz”. Me hace acordar a un amigo mío que se preguntaba cómo recuperar el romanticismo después de hablar con su esposa sobre el service del lavarropas.

Se sufre cuando la magia desaparece y ya no te quieren “desnudar a besos despacito y hacer de tu cuerpo todo un manuscrito”. Hay quien busca revivir la magia con otra relación en la ilusión de que, con la persona adecuada, se encontrará el amor verdadero con la promesa de plenitud, poder y felicidad eternos. Solo para descubrir que con una nueva persona la magia revive pero, como con La Cenicienta, tiene vencimiento.

¿Te acordás de “Los puentes de Madison”? Francesca vive una vida normal, rutinaria, con un marido que parece que no la ve, dos hijos adolescentes y nada apasionante a su alrededor, cuando irrumpe Robert, un fotógrafo aventurero y atractivo que enciende la llama del amor y la felicidad que ya estaba apagada. (Aviso, se viene un spoiler, si no viste la película me vas a matar). Pero Francesca elige quedarse con su vida rutinaria y conocida y renuncia a la promesa de la felicidad junto a Robert. ¿Fue por cobardía, no se animó? o ¿se quedó por lealtad y responsabilidad?. Yo prefiero pensar que fue sabiduría, que entendió que los encantamientos terminan y que sus tres amores cotidianos, aunque menos mágicos, eran anclas sólidas, sustento de su identidad. Sentís en el final de la película que te pincharon el globo, que la Princesa volvió a ser la Cenicienta y vos seguís siendo la misma que eras. 

¿Viste que las historias románticas terminan con la muerte del héroe cuando es joven? Las más modernas llegan hasta el supremo momento en el que se resuelven las dificultades y se casan. No hay capítulos siguientes. Pero el amor no termina, cambia, se actualiza y las novelas no lo cuentan, no te preparan para ello. Por eso cuando la magia termina creés que se terminó el amor. Tu vida ya no es un perpetuo descubrimiento sino que son estos dos que se ven todos los días, menos sorpresas, menos excitación, bastante previsibles o sea un poco aburridos. Pero también estas rutinas te dan certezas que antes no tenías, son tranquilizadoras, no tenés que estar inventando algo a cada paso.

Entonces ¿cómo aplicar el “despacito” burlón, a esta vida tuya de hoy? Lo que yo hice después de más de 40 años de convivencia es patear el tablero de vez en cuando, hacer mi “despacito” onda juego para volver a reírnos juntos. Está en mis manos. Y en las tuyas.

Diana Wang
JUEVES 15 DE JUNIO DE 2017 • 00:11

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